SISSI CANO

Doctorada en Filosofía Práctica por la Complutense, con la tesis sobre "Criterios arendtianos para la participación pública". La línea de investigación actual es ética-política

martes, 3 de febrero de 2009

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lunes, 12 de enero de 2009

/sentido-arendtiano-de-la-banalidad-del-mal

Revista brasileña
Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 101Sentido arendtiano de la “banalidad del mal”Realizado por: Sissi Cano Cabildo*
RESUMENEn su obra Eichmann en Jerusalén Arendt habla de la“banalidad del mal” para referirse a la ambigüedad delconcepto de maldad por el que algunas personas puedenser manipuladas por conceptos frívolos de lo bueno y delo malo, banalidad que no minimiza la crueldad de susefectos.Este enfoque arendtiano no pretende explicar, ni definirde forma total a la maldad, más bien deviene en una críticaa la trivialidad de los conceptos cerrados y dogmáticosde la maldad por los que se puede atentar contra lavida o la dignidad de las personas.La autora refiere esta tesis a partir del seguimiento delcaso Eichmann, quien siempre se mostró orgulloso de sucolaboración con el genocidio nazi. Arendt explica la “banalidaddel mal” a partir de la falta de pensamiento; sóloel pensamiento como autorreflexión que busca el significadopuede prevenirnos de criterios que pueden ser altamenteperniciosos.Ahora bien, la actualización del pensamiento no dependedel nivel informativo ni del contexto histórico, sino quesólo depende de la libertad del Sujeto, por lo que no hayprescripciones universales para atreverse a pensar.Palabras clave: Banalidad del mal; Pensamiento; Autorreflexión;Significado y libertad.Las dos fuentes del pensar que he tratadoson distintas hasta el grado de contradecirse.Una es el asombro maravillado sobre el espectáculoen medio del que hemos nacido (...)y la otra es la extrema miseria del ser humanode estar arrojado en un mundo cuya hostilidad es sobrecogedora(Hannah ARENDT)EN ESTE ARTÍCULO ANALIZARÉ el sentido arendtiano de la “banalidaddel mal”, que básicamente corresponde a la ambigüedad* Maestría en CienciasPolíticas(BUAP-1999) yDoctorado en FilosofíaPráctica en laUniversidad Complutensede Madrid(España-2004).Catedrática detiempo completoen el Departamentode Filosofía en laUniversidad Autónomade Tlaxcala(UAT), México.Sissi Cano Cabildo102 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004semántica del sentido de la maldad, banalidad que con toda sutrivialidad no deja de tener terribles consecuencias para unomismo y para los demás.Arendt habla de “banalidad del mal” a partir del seguimientodel caso Eichmann, una de las principales cabezas burocráticasdel régimen nazi y que sin embargo, nunca se sintió responsableni culpable de su colaboración con el genocidio; muy por el contrario,siempre se mostró orgulloso de sus actos. Arendt relatacon asombro cómo Eichmann, después de ser sometido a análisispsicológicos resultó que no tenía el perfil psicológico de psicópatasino una personalidad curiosamente “normal”. Nunca lodiagnosticaron como sádico, demente o retrasado mental perosí evidenció con franca naturalidad la falta de reflexión en susargumentos, de lo que la autora comenta que la falta de pensamientopuede devenir en una suerte de locura moral altamentepeligrosa. Y es que por falta de reflexión las personas pueden serfácilmente manipulables por cualquier concepto frívolo de lobueno y de lo malo; banalidad que no minimiza la crueldad desus efectos.Desde este enfoque, Arendt explica la “banalidad del mal” apartir de la falta de pensamiento. En la semántica arentiana elpensamiento corresponde a la actividad espiritual de la autorreflexióny la autora judía enfoca este sentido del pensamiento alámbito ético-político por su función preventiva. Arendt no consideraque el pensamiento garantice actuar bien, ni siquiera consideraque nos pueda garantizar alguna definición universal delbien y del mal, ni la máxima altura de algún otro ideal, sea la verdadabsoluta, la felicidad perfecta, el bien público, la paz perpetuao cualquier otro; más bien supone que por falta de pensamientoel hombre puede caer en la estupidez, que puede ser tanto omás peligrosa que el sadismo declarado. No hace falta que ejemplifiquelas terribles consecuencias contemporáneas de conceptosfanáticos y/o fundamentalistas del bien, o la vaguedad soezde “libertad duradera”, “justicia infinita”...Ahora bien, tampoco es que Arendt considere que todos losactos de maldad se expliquen a partir de la falta de pensamiento;de hecho, Arendt aborda otros factores como la indolencia, elegoísmo o la falta de imaginación para explicar como alguienpuede trasgredir la vida y la dignidad de los otros; sin embargo,estos son temas de reflexión ètica que distraerían de forma justificadael tema central de esta ponencia. Por lo pronto, sólo eraSentido arendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 103mi intención dejar ver que según la autora, por falta de pensamientoel ser humano puede caer en la “banalidad del mal”.Procedo a analizar este tema y para esto, dividiré mi exposiciónen tres partes: primero mencionaré algunos datos psicobiográficosde Eichmann para comprender mejor las consecuenciasético-políticas de la falta de pensamiento, después explicaréya propiamente el concepto arendtiano del pensamiento y porúltimo, abordaré el sentido arendtiano de la “banalidad del mal”.Al respecto, anticipo que Arendt investigó estos temas sólo desdela óptica filosófica, no pedagógica, por lo que en su investigaciónno intenta abordar las estrategias didácticas para actualizarel pensamiento y así es que en este artículo no abordaré alternativaspedagógicas al respecto. En este trabajo sólo presentaré losargumentos arendtianos en torno a la “banalidad del mal” y surepercusión en el ámbito personal y público.CASO EICHMANNEn este apartado presentaré algunos datos psicobiográficosde Eichmann que nos ofrece Arendt en su obra Eichmann enJerusalén. El contenido de esta obra apareció por primera vezen Febrero y Marzo de 1963, luego fue ligeramente abreviadoen el New Yorker que le pidió a Arendt un informe del curso deljuicio de Eichmann celebrado en Jerusalén en el año 1961. Posteriormentese dio una edición corregida y aumentada del libropublicado en Mayo de 1963, que es ya la versión en la que me heapoyado para este trabajo.Presentaré estos datos no para dramatizar al genocidio de losnazis, ni para quedarnos con algún análisis psicológico y/o historiográfico,sino como una invitación a la reflexión ética quenos permita comprender mejor el sentido arendtiano de la “banalidaddel mal”. Después de todo y lamentablemente, Eichmannnos recordará muchos otros casos...A mi modo de ver, lo más asombrosamente peligroso que refiereArendt en el seguimiento del caso Eichmann, quien organizarael asesinato masivo de seis millones de judíos, fue la referenciade ser una personalidad aparentemente “normal”; de hecho,seis psiquiatras certificaron que era un hombre “normal”,incluso uno de ellos consideró que los rasgos psicológicos deEichmann hacia su familia y amigos eran no sólo normales, sinoSissi Cano Cabildo104 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004ejemplares. El religioso que le visitó frecuentemente en la prisióndeclaró que Eichmann era un hombre con “ideas muy positivas”.Bien vale cierto recelo hermenéutico ante el juego maquiavélicode las apariencias, si fueron muchos los nazis que no aparentaronalgún tipo de sadismo en sus vidas ordinarias: algunosde ellos llevaban flores a la novia, acostumbraban rezar por lasnoches, etc.Eichmann tampoco dejaba ver un “anormal” odio hacia losjudíos, ni era partidario de algún fanatismo, incluso se dice quetuvo algún romance en su juventud con alguna judía.La lectura de la obra clásica sionista Der Jundenstaat deTheodor Herzl convirtió a Eichmann al sionismo, doctrina de laque jamás se apartaría. Eichmann dijo haber quedado fascinadopor el “idealismo” de los judíos. El más grande idealista que Eichmanndijo conocer fue Rudolf Kastner con quien negoció lasdeportaciones de judíos a Hungría y de quien dijo Eichmannque había sacrificado a sus hermanos de raza en aras de su “idea”,tal como debía ser (Cf. ARENDT, 1999, p. 68-70).Eichmann había empezado su carrera como colaborador activoen el rescate de judíos en Europa pero no por algún principiode solidaridad sino más bien porque él mismo decía estar hartode su profesión de viajante de comercio y asimismo, si despuésingresó en el partido nazi no fue por íntimas convicciones, dehecho, ni siquiera conocía el programa del partido. Digamosque se inició en el nazismo por criterios acomodaticios.El Doctor Franz Meyer, ex miembro del Ejecutivo de la OrganizaciónSionista de Alemania confirmó la propia historia de Eichmann:en Berlín su comportamiento era “totalmente correcto”pero el problema comenzó al ser ascendido a un cargo conpoderes ejecutivos, cuando su comportamiento cambió terriblemente,el trato a los judíos se convirtió en insolencia y grosería.Otro caso similar fue el del doctor Stahlecker quien en opiniónde Eichmann era una excelente persona “libre de odios y dechovinismos de toda clase”, en Viena solía estrechar la mano alos representantes judíos pero año y medio más tarde cuandofue nombrado Einsatzgruppen se las ingenió para matar a tiros adoscientos cincuenta mil judíos.¿Será que el poder corrompe? Arendt no aborda la posibilidadde que al subir la escalera del poder simultáneamente elhombre vaya pasando por alto el sufrimiento de quienes sostieSentidoarendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 105nen la escalera porque aun cuando supongamos que esto es cierto,¿por qué entonces hay personas que no están dispuestas acualquier cosa en aras del poder?Arendt nos trae a la memoria la historia que cuenta GünterWeisenborn de dos campesinos que al ser llamados a filas por laSS se negaron a alistarse, por lo que fueron condenados a muertey el día de su ejecución escribieron a sus familiares: “Preferimosmorir a llevar sobre nuestra conciencia crímenes tan horribles;sabemos muy bien cuáles son los deberes de las SS” (Cf. ARENDT,1999, p. 158).Ahora que no todos los alemanes eran condenados a muertepor negarse a participar en el partido nazi, el precio que teníanque pagar por no militar en el partido no siempre fue tan radicalcomo pagar con la vida misma. O sea que realmente muchos tuvieronla posibilidad de no militar en el partido y sin embargo, lohicieron.Uno de los factores por los que muchos alemanes se adhirieronal nazismo fue desde el punto de mira psicológico, el cansancioy la resignación que traían la clase obrera por las derrotasque habían sufrido después de sus victorias, durante la revoluciónde 1918, pero con Hitler encontraron un incentivo, el gobiernode Hitler se identificó con Alemania y asimismo, la oposición alnazismo no significaba otra cosa que la oposición a la patria.En contraste con la resignación asumida por la clase obrera yla burguesía liberal y católica, las capas inferiores de la clase mediaacogieron con gran entusiasmo la ideología nazi – con su espíritude obediencia ciega al líder, su odio a las minorías racialesy políticas, sus apetitos de conquista y su exaltación del puebloalemán y de la raza nórdica. En realidad, hay ciertos rasgos característicosde esta baja clase media: su amor al fuerte, su odioal débil, su mezquindad, su hostilidad, su avaricia, no sólo conrespecto al dinero sino también a los sentimientos y sobre todo,su ascetismo.Por otra parte, también la autoridad de la religión y de la moraltradicional se hallaba todavía firmemente arraigada. Lo que lesfaltaba en seguridad y agresividad a los individuos de esta clase,lo compensaron con el sometimiento a las autoridades fuertes.Así que esta parte del pueblo se volvió fanática de la ideologíanazi, aunque también hubo otra parte de la población que se inicióen este régimen pero sin transformarse en admiradora de dichorégimen.Sissi Cano Cabildo106 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004Pero si bien la época entre 1924 y 1928 fue de mejoramientoeconómico y aportó nuevas esperanzas para la baja clase media,todas las ganancias desaparecieron con la crisis posterior a 1929,lo que constituyó un golpe mortal contra la autoridad del Estado.Y como el Estado y el régimen monárquico habían constituidopor decirlo así, la base psicológica de la pequeña burguesía,su fracaso y su derrota destruyeron el fundamento de su existenciamisma. Además, la familia como el último baluarte de laclase media también se vio debilitado en la posguerra, la autoridaddel padre perdió fuerza y con ello, las nuevas generacionesobraban a su antojo. De este modo, la vieja generación de la bajaclase media se volvió más resentida mientras los jóvenes se veíanimpulsados hacia la acción. Con lo cual, el oportunismo radicaldel nazismo encontró buena acogida. Miles de pequeños burguesesque hubieran tenido muy pocas probabilidades de ganardinero o prestigio, obtenían ahora en la burocracia nazi una considerabletajada del poder. La satisfacción emocional que lesproporcionaba el poder del nazismo compensaba el empobrecimientocultural y económico de sus vidas.Todos estos factores psicosociales por supuesto que influyeronen la adhesión al nazismo, sin embargo, sigue latente la preguntade por qué entonces hubo alemanes que se negaron a participaren el genocidio.Arendt por ejemplo, refiere de cien mil individuos más o menos,de alto y bajo nivel educativo, que desde el principio delrégimen de Hitler se opusieron a él. Algunos fueron conocidoscomo Karl Jaspers y Reck-Malleczewen pero hubo muchos otroscasos anónimos como el que Arendt cuenta de un artesano queprefirió pasar a trabajar de obrero de fábrica a ingresar en elpartido nazi, otros prefirieron renunciar a una carrera académicaantes que jurar en nombre de Hitler, hubo otro grupo de obrerosespecialmente en Berlín y de intelectuales socialistas que ayudarona muchos judíos. La filósofa de Königsberg explica el rechazoa militar en el partido nazi a partir del ejercicio de reflexiónmoral y de la apertura espiritual que permite interesarseen la otredad. En su conferencia “Responsabilidad moral bajo ladictadura” Arendt sostiene que los pocos que rechazaron sercómplices del nazismo “fueron los únicos que se atrevieron ajuzgar por sí mismos”. Por el contrario, la falta de pensamientoconvierte a cualquier ser humano en presa fácil de la manipulaciónideológica, por estúpida que sea. De hecho, Arendt sostieSentidoarendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 107ne que el nacionalsocialismo se mantuvo gracias a personas superficialese irreflexivas.Cuando el doctor Dieter Wechtenbruch – ayudante del doctorServatius y discípulo de Carl Schmitt – estuvo presente durantelas primeras semanas del juicio de Eichmann, parecía másimpresionado por su falta de educación que por sus crímenes.El propio Servatius declaró que la personalidad de su cliente erala propia de un “vulgar cartero” (ARENDT, 1999, p. 220).¿Qué podía esperarse de un hombre que primero declaró queuna de las primeras cosas que había aprendido en su vida es quenunca se debía prestar juramento y que luego declaró que preferiríatestificar bajo juramento? ¿Por qué Eichmann aseguró altribunal que la peor cosa que pudiera hacer era intentar escapara sus responsabilidades, suplicar clemencia y luego presentó undocumento manuscrito que contenía su súplica de clemencia?.Cuando el joven policía encargado de su bienestar psicológico leentregó Lolita para que se distrajera leyendo, Eichmann lo devolvióvisiblemente indignado diciendo: “Es un libro malsanopor completo” (ARENDT, 1999, p. 79).El gusto de Eichmann por las palabras rimbombantes le hicieronun sujeto ideal para el empleo del “lenguaje en clave”. Lareiterada afasia de Eichmann y los repetitivos clisé que decía, lellevaban a disculparse frecuentemente diciendo: “mi único lenguajees el burocrático” (ARENDT, 1999, p.79). Frases pegadizasa las que Eichmann llamaba “palabras aladas”, de las querepetía un eslogan constantemente: “estas son batallas que lasfuturas generaciones no tendrán que librar”.Siempre que los jueces en el curso del interrogatorio intentabanapelar a su conciencia se sentían indignados y desconcertadosal darse cuenta de que el acusado tenía a su disposición unclisé de “satisfacción” para cada período de su vida y para cadauna de sus actividades.Los jefes de las tropas de los Einzatzgruppen habían sido elegidospor Heydrich entre los mejores de las SS, todos ellos contítulo universitario. El miembro de la jerarquía nazi más dotadopara la resolución de problemas de conciencia era Himmler.Himmler ideaba eslóganes como el famoso lema de las SS: “Mihonor es mi lealtad” (ARENDT, 1999, p. 159) o bien “sabemosmuy bien que de lo que de vosotros esperamos es algo sobrehumano,esperamos que seáis sobrehumanamente inhumanos”(ARENDT, 1999, p. 160) y justamente por este tipo de ideas, laSissi Cano Cabildo108 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004cualidad que los dirigentes del Tercer Reich tenían en la más altaestima era la “despiadada dureza”, criterio por el cual elegían alos “asesores en asuntos judíos”.De ahí que el problema radicara, no tanto en dormir su conciencia,como en eliminar la piedad meramente instintiva que todo hombrenormal experimenta ante el espectáculo del sufrimiento físico. Eltruco utilizado por Himmler [...] consistía en invertir la direcciónde estos instintos, o sea, en dirigirlos hacia el propio sujeto activo.Por esto, los asesinos, en vez de decir: ‘¡Qué horrible es lo que hagoa los demás!’, decían: ‘¡Qué horribles espectáculos tengo que contemplaren el cumplimiento de mi deber, cuan dura es mi misión!(ARENDT, 1999, p. 161).Lo que se grababa en la mente de aquellos asesinos era lasimple idea de estar dedicados a una tarea histórica, grandiosa,única, “una gran misión que se realiza una sola vez en dos milaños”. La conciencia de Himmler era tan ridículamente superficialque pretendió enseñar a los hombres a ser criminales sin dejarde sentir decencia. De alguna forma los dirigentes nazis teníanque justificar las aberraciones cometidas y por este intento dedemostrar sus “buenas intenciones”, los jefes sistemáticamenteeliminaban de las organizaciones a aquellos que experimentabanun placer físico al cumplir con su misión.Tal vez por eso fue que Eichmann creía injusta la acusaciónde asesinato porque según él, nunca mató a alguien ni dio órdenesde matar a un judío o a cualquier otra persona pero dejóbien sentado que hubiera matado a su propio padre, si se lo hubieranordenado. Una y otra vez repitió que tan sólo se le podíaacusar de ayudar a la aniquilación de los judíos y de “tolerarla”,aniquilación que según declaró en Jerusalén fue “uno de los mayorescrímenes cometidos en la historia de la humanidad” (ARENDT,1999, p. 41).El mejor ejemplo de las “buenas intenciones” de las SS lo tenemosen las primeras cámaras de gas construidas en 1939 paracumplimentar el primer decreto de Hitler que decía: “Debemosconceder a los enfermos incurables el derecho a una muerte sindolor”, con lo cual, la palabra “asesinato” fue sustituida por “elderecho a una muerte sin dolor”.Arendt refiere de Reck-Malleczewen, el caso de una dirigentenazi que acudió a Baviera en 1944 para elevarles la moral a loscampesinos, diciéndoles: “El Führer, en su gran bondad, tienepreparada para todo el pueblo alemán una muerte sin dolor, meSentidoarendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 109diante gases, en caso de que la guerra no termine con nuestravictoria” (ARENDT, 1999, p. 168).¿Los nazis, como cualquier ser humano, tuvieron la capacidadde cuestionar las “buenas intenciones” de Hitler, de sospecharla distinción entre dignidad y honor, entre “despiadada dureza”y valor y muchos otros valores? Por supuesto que sí, sóloque no lo hicieron, ¿pereza mental, enajenación, adoctrinamiento,autismo espiritual, indolencia?En el curso del juicio, por lo que refiere Arendt, Eichmanndió inconfundibles muestras de indignación siempre que los testigoscontaron atrocidades y crueldades cometidas por los hombresde las SS y aún así, no fue la acusación de haber enviado amillones de seres humanos a la muerte lo que verdaderamente leconmovió, sino la acusación según la cual Eichmann había matadoa palos a un muchacho judío. Aunque Eichmann confesó habersequedado anonadado cuando Heydrich le dijo: “El Führerha ordenado el exterminio físico de los judíos”, dijo haber perdidola alegría por el trabajo, todo... Eichmann explicó que su únicaalternativa era el suicidio pero esto era mentira porque erasorprendentemente fácil para los miembros de los equipos deexterminio abandonar sus puestos, sin sufrir con ello, gravesconsecuencias. En los documentos de Nuremberg por ejemplo,no hay ni un solo caso en que se aplicara la pena de muerte a unmiembro de las SS por negarse a participar en alguna ejecución.Eichmann finalmente reconoció que pudo haberse negado a cumplirsus funciones tal como otros habían hecho pero considerabaque eso no era “digno de admiración”, aseguraba con gran orgulloque siempre “había cumplido con su deber”.De lo que Arendt postula la noción de “banalidad del mal”,que lejos de significar que el mal no tiene importancia, quieredecir que el mal empieza a tornarse banal cuando se consideraque deriva de alguna “verdad”, como el caso de Eichmann quenunca cuestionó la ideología nazi y que se justificaba con las supuestasvirtudes de lealtad y obediencia a su partido, que segúnél podría equipararse con el concepto kantiano del deber. Obviamenteesto no puede ser más que una tergiversación soez dela filosofía moral de Kant que elimina por completo la obedienciaciega para dar paso a la capacidad humana de juzgar. Peroen fin, Eichmann decía haber leído la Crítica de la razón prácticae intentado seguir fielmente los criterios de este filósofo alemán.Aunque después explicó que recién llevó a cabo la SoluSissiCano Cabildo110 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004ción Final (el exterminio de los judíos) se dio cuenta de que habíadejado de vivir en consonancia con los principios kantianospero que se había consolado pensando que había dejado de ser“dueño de sus propios actos” y que él no podía “cambiar nada”.El caso es que finalmente Eichmann no quiso mostrar arrepentimientoporque “el arrepentimiento es cosa de niños” (¡sic!)(ARENDT, 1999, p. 44). Y bien sabido es que para arrepentirseprimero hay que tener conciencia de haber actuado mal, habermeditado al respecto, pero éste no fue el caso de Eichmann. Algunavez Eichmann dijo haber tenido sentimientos de culpa ycuando le preguntaron por qué, contestó porque de niño se habíahecho dos veces la rabona. Si hubiera querido ser astuto, habríapodido decir que tenía sentimientos de culpa por haber asesinadoa tantos judíos pero lo que realmente le hacía sentir malera transgredir el orden y por eso fue muy franco al decir connaturalidad lo que le hacía sentir culpable.Bach-Zelewsky fue uno de los poquísimos que realmente padecióuna crisis nerviosa tras las matanzas y fue el único entretodos los de su categoría que se acusó a sí mismo públicamentede haber cometido asesinatos en masa, aunque nunca le acusaronde ello (ARENDT, 1999, p. 30). Por lo que relata Erich Fromm,Goering fue otro de los casos raros de quienes parecían sentirseculpables por la magnitud de los crímenes cometidos, Goeringle rogaba al Dr. Gustave Gilbert -un psicólogo que entrevistó avarios líderes nazis prisioneros- que lo visitara todos los días y ledecía: “Mire, yo no soy tan malo como parece, no soy tan malocomo Hitler; él mató mujeres y niños, yo no; por favor, créame”(FROMM, 1991, p. 83).Mientras que Eichmann fue incapaz de sentirse culpable comosi no tuviera conciencia. Aunque Eichmann no tenía ningunanecesidad de cerrar la voz de la conciencia, no porque no la tuviera,sino porque la conciencia de la sociedad que le rodeaba lehablaba con una voz respetable. Eichmann siempre procurabaactuar amparado por las órdenes recibidas. Claro que la defensano alegó la concurrencia de “órdenes superiores” sino de “actosde Estado”, aquellos que consisten en el ejercicio del poder desoberanía y en consecuencia, se hallan fuera del ámbito del poderjudicial.Según Arendt el burócrata sólo conoce un pecado, la trasgresiónal orden, el contravenir las reglas. La lógica burocráticadicta: si no lo hubiese hecho yo, cualquier otro colega habría heSentidoarendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 111cho lo mismo. Eichmann era criminal estadístico como la granmayoría de los nazis, con lo cual, el genocidio devino en unasuerte de matanza administrativa. Desde un enfoque similiar,Fromm relata la caracterización que hizo Carl J. Burckhardt deHimmler: “Es siniestro por su grado de subalternidad concentrada,por una especie de miope escrupulosidad, de inhumanametodicidad, con un elemento de autómata” (FROMM, 1985,p. 100).Ahora que, no sólo podemos hablar de genocidio autómata ode burocratización del exterminio; sino que también estuvo enjuego el sadismo sin más, Viktor E. Frankl (1995) por ejemplo,refiere de su propia experiencia en los campos de concentración,cómo entre los guardias de las SS siempre había alguiendispuesto a torturar sádicamente a cualquier prisionero (p. 85).La elite de la vieja burocracia del partido nazi luchaban entresí por el honor de destacar en aquel sangriento asunto. Muchosacusados por el holocausto dieron un lamentable espectáculoacusándose unos a otros, aunque nadie inculpó a Hitler. La situaciónera tan sencilla como desesperada: la abrumadora mayoríadel pueblo alemán creía en Hitler, incluso después del ataquea Rusia y del establecimiento de los tan temidos dos frentes, inclusodespués de que los Estados Unidos entraran en la guerra,incluso después de Stalingrado, de la defección de Italia y de losdesembarcos aliados en Francia (Cf. ARENDT, 1999, p. 150).La oposición al partido nazi quedó casi totalmente destruidapor las SS en sus campos de concentración y en los sótanos dela Gestapo y lo que quedó de esta izquierda sólo ganó cierta importanciacon la conspiración de los actos del 20 de Julio pero lamayoría de los conspiradores del mes de Julio eran en realidadantiguos nazis. Esta izquierda no concedía la menor importanciaa los problemas morales y menos aún a la persecución de losjudíos, lo que les situó en la oposición fue que Hitler estuvierapreparando una guerra. Los interminables conflictos y crisis deconciencia que los atormentaban giraban todos, casi exclusivamente,en torno al problema de la alta traición y de su violaciónde juramento de fidelidad a Hitler. Estos hombres que lucharoncontra Hitler no estuvieron inspirados por la indignación moralni por lo que sabían del sufrimiento de las víctimas, sino por lainminente derrota y ruina de Alemania; a excepción de ciertosindividuos y grupos como la Rosa Blanca1 que actuaron por repugnanciaal dictador. El jefe de “los conspiradores” Carl Frie-1 Organización deestudiantes muniquenses,en la quedestacan los hermanosScholl, dedicadaprincipalmentea la distribuciónde octavillascontra los nazis.Sissi Cano Cabildo112 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004derich decía por ejemplo, que incluso un general debe comprenderque “continuar una guerra que no puede terminar en la victoriaes evidentemente un crimen” (ARENDT, 1999, p. 157).Eichmann fue ahorcado, su cuerpo incinerado y sus cenizasarrojadas al Mediterráneo, fuera de las aguas jurisdiccionalesisraelitas. Sus últimas palabras fueron: “Dentro de muy poco,caballeros, volveremos a encontrarnos. Tal es el destino de todoslos hombres. ¡Viva Alemania! ¡Viva la Argentina! ¡Viva Austria!Nunca las olvidaré!” (ARENDT, 1999, p. 382).EL PENSAMIENTOEn la obra arendtiana, el pensamiento (Denken) es la actividadespiritual de la autorreflexión que busca el “significado” enel sentido kantiano.Empezaré explicando en qué sentido el pensamiento es unaactividad espiritual. En su obra de La vida del espíritu, la filósofade Königsberg se refiere al espíritu como a la actividad delpensamiento y del juicio que puede iniciarse o detenerse segúnla voluntad del sujeto. En cambio, su concepto de alma tieneuna connotación más amplia, corresponde a la idea griega depsyché: principio de movimiento interno que potencializa la vida(Cf. ARISTÓTELES, 1994, p. 180). Para Arendt el espíritu difierepor completo del alma en cuanto que la característica fundamentalde la vida del espíritu es el estar solo y relacionarsecon uno mismo mientras que el alma es donde emergen nuestraspasiones, sentimientos y emociones, que no se autogeneransino que son suscitadas por acontecimientos externos. El almaes una mezcla más o menos caótica de hechos que no creamossino que sufrimos (pathein), los sentimientos y las emocionesafectan al alma y propician ciertas reacciones y que a veces puedenembargarnos como ocurre con el placer y con el dolor(ARENDT, 2002, p. 94).Ahora bien, el pensamiento es una actividad espiritual quepodríamos actualizar todos los seres humanos, salvo situaciones-límite en las que uno se ve imposibilitado como la enfermedad,la guerra o algo similar; pero en situaciones normales todoslos seres humanos tenemos dicha potencialidad, la actualicemoso no. Quiero decir, que para la filósofa judía, es por librevoluntad que el Sujeto deviene en ente pensante; no es el pasaSentidoarendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 113do, ni la historia, ni el contexto lo que genera el pensamiento, sinoel atreverse a pensar, el tener el valor de servirse del propiopensamiento, como ya lo advirtiera Kant en su momento. El pensamientoserá así la mejor herramienta contra la manipulación,que nadie nos puede quitar, inaprensible para los demás, por muypoderosos que sean. El pensamiento es así un recurso redentor.La gran importancia del pensamiento en la vida privada ypública no radica en garantizar actuar bien, ni en alcanzar definicionesuniversales de algún ideal pero sí garantiza una actitudescéptica, que vale lo suficiente para cuestionar criterios banalesde muchas ideologías y prejuicios que pueden llevar al egoísmoindolente, al ensimismamiento inerme o peor aún, a la crueldad.Asumir una actitud crítica ante la vida no es poca cosa si reparamosen la ambigüedad de muchos de los criterios por los que sepuede atentar contra la vida y contra la dignidad.Si el pensar – el dos-en-uno del diálogo silencioso – actualiza ladiferencia dentro de nuestra identidad, dada en la conciencia, y porello produce la conciencia como su subproducto, entonces el juzgar;el subproducto del efecto liberador del pensar, realiza el pensamiento.(...) Y esto, en los raros momentos en que se ha alcanzadoun punto crítico, puede prevenir catástrofes, al menos para mí.(ARENDT, 2002, p. 215)Arendt distingue el pensamiento de cualquier otra forma deconocimiento. El objetivo del conocimiento es la verdad y de talbúsqueda surgen las ciencias mientras que el pensamiento buscael “significado” en el sentido kantiano, según la autora. Arendtequipara el significado con los conceptos kantianos “fin”(Zweck) y “propósito” (Absichtt). Y en este sentido, consideraque el pensamiento no pregunta qué es algo o si existe, sino quésignifica para sí misma que exista. El pensamiento decide quémerece la pena conocer y tal decisión no puede ser científica(ARENDT, 2002, p. 78-90).Pensar es especular con sentido. Y cómo el sentido de la vidao de tal experiencia es algo estrictamente personal y subjetivo,por eso mismo, cuando dicho sentido va más allá de cualquierinterés privado y pretende algo más universal, sea la verdad, labelleza o algún otro ideal, pudiera interpretarse como revelaciónde cierta condición divina en lo humano, llámese nous, lo a priorio algo más. Arendt lo asocia al eros: “Concluimos que sólo lagente inspirada por este eros, este amor deseoso de sabiduría,belleza y justicia, es capaz de pensamiento – esto es, nos quedaSissiCano Cabildo114 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004mos con la naturaleza noble de Platón como un requisito para elpensamiento” (ARENDT, 1995, p. 129).Para la filósofa de Königsberg el pensamiento es autosuficiente,no depende de la opinión de los demás como el juicio. Siel pensamiento requiere algo, en todo caso será a la memoriapara recordar y replantearse lo acontecido repetidas veces; y eneste sentido, pensar es re-pensar y post-pensar. Y al replantearnosuna y tantas veces algún problema o alguna idea, de una uotra forma, uno acaba reviviendo el pasado como si uno estuvieraagradecido de haber vivido tal situación. Tal vez por eso Heideggerconsideraba que denken (pensar) y danken (agradecer)esencialmente eran lo mismo.El pensamiento se mueve entre universales y esencias invisibles,no produce resultados concretos; es fuente incesante depreguntas sin respuestas. Arendt compara el proceso de pensarcon el perpetuo tejer y destejer de Penélope. Esta capacidad nodescubrirá de una vez por todas lo que sea el bien y el mal niproporciona algún mandato o proposición moral, no confirmamás bien disuelve las reglas de conducta establecidas. Pero entonces¿para qué sirve? que el pensamiento o los grandes pensadoresno puedan dar respuestas absolutas a los principalescuestionamientos humanos pudiera desanimar cualquier búsquedaal respecto. Arendt desconfía que pueda existir algunaforma de conocimiento que alcance la verdad absoluta y másaún, considera pedantes y peligrosas a los pilares de la verdad(bien, civilización, progreso, honor, etc.) si muchos de ellos hanlegitimado injusticias, muertes y guerras. “Los errores más terribleshan sustituido a las verdades más conocidas” (ARENDT,2001a, p. 21).Arendt no pretende prescribir valores sino subrayar la aptitudpara interrogar todo valor, aptitud que constituye el carácterfundamental del pensamiento. “No puedo decirles clara yexplícitamente – y odiaría hacerlo – cuáles son las consecuenciaspara la política actual del modo de pensar que intento, noadoctrinar sino suscitar o despertar entre mis estudiantes. Peroesperaría que aquellas cosas extremas que son la consecuenciaconcreta de la falta de pensamiento no puedan aflorar” (ARENDT,1995, p. 145).La aptitud para interrogar cualquier valor, pensar y repensaren estas cosas impide tener una actitud totalmente pasiva, sumisau obediente hacia lo que digan los demás y permite a la vez,Sentido arendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 115ejercer el derecho a la denuncia y a la crítica, que viene muy bienpara la efectividad de los derechos humanos.La conciencia de sí no es lo mismo que el pensamiento perosin ella el pensamiento no sería posible, pasa que el pensamientoes un diálogo interior con uno mismo que construye poco a pocouna voluntad autolegisladora, lo que garantiza cierta autonomía.Autonomía que se construye mediante criterios hilvanados a unomismo que derivan por suerte en “compromisos con uno mismo”.El ser más autónomo es el ser más comprometido. Por el contrario,la falta de pensamiento facilita la heteronomía, con lo cual, exponela propia vida a normas y preceptos externos, de la calidad quesean. ¿Qué podría esperarse de alguien que acepta cualquier idea,que cree cualquier cosa? sería como pactar con niños, Kant consideraba“minoría de edad” a la incapacidad de servirse del propioentendimiento sin la dirección de otro (KANT, 1988, p. 17).Según Arendt, a lo largo de la historia los menos inclinados alpensamiento fueron generalmente los más dispuestos a obedecer,los que abrazaron con más firmeza el viejo código fuerontambién los más ansiosos por asimilar el nuevo código, mientrasque quienes parecían los elementos menos fiables del antiguoorden fueron los menos dóciles (ARENDT, 2002, p. 200). De loque podríamos inferir que pareciera más confiable aquel queejerza su pensamiento con autonomía y habría que ver la rarezade tal condición. No es gratuito que Lutero dijera que “el hombrenecesita de Dios porque necesita de alguien en quien confiar”.Mientras que Arendt se queda en el mundo humano contingentepara encontrar a alguien en quien confiar, siempre queese alguien sea, por supuesto, un ente pensante. De hecho, Arendtconfía en el ser humano, desde el momento en que reivindica elsentido digno de la política aristotélica y criterios redentores comola libertad, la promesa, el perdón, la philía y la solidaridad. Perobueno, por lo pronto sólo me interesaba dejar ver que las relacioneshumanas personales y públicas son auténticas y confiablessi y solo si las han creado entes con autonomía de pensamiento;de otra forma, tendríamos diplomacia, patrimonialismoo servilismo, pero no relaciones humanas dignas, ni auténticaparticipación política.“La ausencia de pensamiento es un factor poderoso en losasuntos humanos, desde el punto de vista estadístico el más poderoso,y no sólo en la conducta de la mayoría, sino en la de todos”(ARENDT, 2002, p. 93).Sissi Cano Cabildo116 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004BANALIDAD DEL MALAntes de abordar el concepto de “banalidad del mal” que sostieneArendt en su obra Eichmann en Jerusalén, publicada porprimera vez en 1963, es importante puntualizar su antecedente:el concepto de “mal radical” que Arendt dejó ver en la segundaedición de Los orígenes del Totalitarismo de 1958 y que persistiráen la tercera edición: “Podemos decir que el mal radicalha emergido en relación con un sistema en el que todos los hombresse han tornado igualmente superfluos” (ARENDT, 2001b,p. 557).Aunque Arendt misma señala que el concepto de “mal radical”ya había sido acuñado por Kant (ARENDT, 2002, p. 350),la autora le da un giro semántico al concepto. El sentido arendtianodel “mal radical” básicamente se refiere a la consideraciónde los seres humanos como “superfluos”, consideraciónpor la que se asumen decisiones radicales e indolentes respectoa los demás, como si los “otros” fueran cosas y ni siquiera cosasimportantes, sino cosas de más.Después del seguimiento histórico-político de totalitarismoque Arendt realiza en su obra, la autora sostiene que podemoshablar de “mal radical” cuando alguna persona o grupo se atrevena usar, traicionar y hasta matar a otros sin remordimientos,como si desde una insolente indolencia la existencia de los demásno les interesara, soslayando un principio ético mínimo:que cualquier ser humano merece respeto. Pero posteriormente,a partir del estudio del caso Eichmann, cambia su enfoque de lamaldad para referirse a la “banalidad del mal” en el que la premisacentral pasa a ser la falta de pensamiento, por la que loshombres pueden aceptar irreflexivamente cualquier criterio, porcruel que sea.Richard J. Bernstein sostiene que el concepto arendtiano del“mal radical” es compatible con su concepto posterior de la ‘banalidaddel mal’ en cuanto que ambos se refieren a considerarsuperfluos a los seres humanos y a erradicar las condicionespara vivir la vida propiamente humana. Sin embargo, reconoceque hubo un cambio de enfoque al respecto, en cuanto que lanoción central del ‘mal radical’ es lo superfluo mientras que despuésde presenciar el juicio de Eichmann desplaza su atención ala idea de irreflexividad (BERNSTEIN, 2000, p. 253). De cualquierforma, me parece que el concepto “banalidad del mal” tamSentidoarendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 117bién contiene el sentido de lo humano implícito en el conceptoarendtiano del “mal radical” en cuanto que la trivialidad por laque se puede aceptar cualquier idea por absurda que sea suponetambién cierta indiferencia hacia quienes les afectan esas ideas,como si los seres humanos en cuestión no importaran, como sifueran superfluos.Ahora bien, este concepto de la “banalidad del mal” y de todoel libro sobre Eichmann fue muy polémico e incluso hubo rechazosradicales por ejemplo, por parte de Golo Mann y de GeorgeSteiner. Quien más se ha tomado la tarea de señalar los errorespunto por punto fue J. Robinson en And the crookedshall bemade straight: the Eichmann trial, the jewish catastrophe, andHannah Arendt’s narrative. Se organizaron actos públicos dedenuncia de las tesis de Arendt, en alguno de los cuales tomóparte el propio fiscal del juicio para sugerir que no se publicarael juicio.Otra de las censuras fue por parte de Greshom Scholem, queen una de sus cartas a Arendt le critica entre muchas cosas suconcepto de “banalidad del mal” porque le parece un simple slogan,una tesis contradictoria respecto a lo que sostenía en sulibro sobre el totalitarismo. De lo que Arendt responde que:Llevas razón: he cambiado de parecer y ya no hablo del mal radical.(...) (Lo que no me queda claro, dicho sea de paso, es por quéllamas slogan al giro ‘banalidad del mal’. Que yo sepa, nadie haempleado hasta ahora esa expresión; pero da igual). Mi opinión eshoy, en efecto, que el mal nunca es ser ‘radical’, que es sólo extremoy que no posee ni profundidad ni dimensión demoníaca ninguna.Puede proliferar y arrasar el mundo entero precisamente porquese extiende como un hongo en la superficie. ‘Desafía’ al pensamiento,según dije, porque el pensamiento trata de alcanzar algunaprofundidad, de ir a la raíz, y en el momento en que se ocupa delmal se ve frustrado porque ahí no hay nada. Tal es su ‘banalidad’.Sólo el bien tiene profundidad y puede ser radical. (...) El modeloconcreto de lo que tengo en mente, seguirá siendo sin duda Eichmann.(ARENDT; SHOLEM, 1998, p. 19)Arendt parece olvidar que anteriormente la “banalidad” yahabía sido considerada un factor explicativo de la “maldad”. En1946, quince años antes de Eichmann en Jerusalén, Jaspers leescribe una carta a Arendt diciéndole que:Usted dice que lo que hicieron los nazis no se puede entender como“crimen”. No me siento muy cómodo con ese punto de vista (...)Me parece que tenemos que entender esos fenómenos en su totalSissi Cano Cabildo118 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004banalidad, en su trivialidad prosaica, porque eso es lo que los caracterizarealmente. Las bacterias pueden causar epidemias quedevasten naciones enteras, pero siguen siendo simples bacterias.(ARENDT; JASPERS, 1992, p. 54 y 62)La terrible veracidad de este comentario podría confirmarseuna y mil veces en la historia: muchos criterios prosaicos hanllevado al asesinato, a la violencia o sencillamente a la indolencia.Las ideas pueriles no dejan de ser peligrosas. ¿Cuántos delos “ismos” y de las “buenas intenciones” por los que se ha luchadoen la historia política tienen altura espiritual o por lo menosconsistencia racional, o ya mínimamente coherencia?No es retórica evocar al pensamiento para prevenir catástrofesporque realmente nos prevee de una conciencia moral aceitadaque acepte cualquier insensatez. A Eichmann por ejemplo,le caracterizaba su incapacidad para pensar; se abstenía de juzgarde manera responsable, un mal engendrado por la banalidadde sus objetivos de vida. Pero claro, el no tener la intención ni ladeliberación profunda de hacer daño, no significa que no podamoshacer daño. De hecho, para Arendt a lo largo de la historiase ha hecho mucho daño sin tener la intención clara y explícitade ello. El extremo pecado como el mal voluntariamente deseadoson tan raros, incluso más raros que las buenas acciones.“Las leyes y todas las instituciones duraderas se arruinan nosólo por la embestida de la maldad elemental, sino también porel impacto de la inocencia absoluta” (ARENDT, 1988, p. 85).Por falta de reflexión es que el ser humano puede aceptarideas cortas como ‘buenas’ y hasta enorgullecerse de ellas. Veamosalgunos ejemplos. Shopenhauer presentó en el Arte del buenvivir a la sífilis y al mantenimiento de duelos por causas de honor– dos enormes atrasos si se piensa en la Ilustración – comosíntomas del mal característico de su época. Otro ejemplo seríanlos carteles de las cocinas de Auschwitz que decían: “Hayun camino hacia la libertad. Sus hitos se llaman obediencia, laboriosidad,limpieza, honradez, sinceridad y amor a la patria” (BILBENY,1993, p. 34). ¿Qué significado tuvieron estos valores enel código nazi y qué nivel de análisis hizo posible la aceptaciónde estas ideas? Otro ejemplo de los peligros de la irreflexión sedeja ver en la credibilidad popular de ciertos “ismos” que no soportaríanun análisis lógico y que sin embargo, han movilizadomasas. En los capítulos V y VI de La guerra de Asia, Chomskyrefiere la declaración de William Calley, el oficial que dirigió laSentido arendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 119matanza del pueblo vietnamita de My Lai, en Marzo de 1968:que no había ido a la guerra para usar el sentido común sino paracumplir órdenes, ni había ido a matar seres humanos sino amatar la ideología representada por ellos; todo en nombre de supaís, Estados Unidos de América. También tenemos el caso deStalin, por lo que relata Norbert Bilbeny, quien en la Conferenciade Teherán, junto a Churchill y Roosevelt, brindó con enormesatisfacción por la liquidación inmediata de ‘por lo menos’cincuenta mil prisioneros alemanes (BILBENY, 1993, p. 23). Y podríamosseguir con más ejemplos lamentablemente, pero no más.Ahora bien, si es cierto que Arendt señala los peligros de la irreflexión,no por ello sigue el optimismo socrático de que el conocimientodel bien garantice actuar bien, si ni siquiera confía enque se pueda alcanzar dicho conocimiento (como ya lo comentéen párrafos anteriores); tampoco sigue con la idea socrática deque el mal sea causado por la ignorancia. No es propiamente laignorancia lo que causa la maldad en cuanto que la falta de informaciónno implica necesariamente incapacidad de autorreflexión,que propiamente es lo que causa la “maldad”.Según Arendt, la ausencia de pensamiento puede encontrarsetanto en personas ignorantes como en personas con alto nivelinformativo y lamentablemente esto lo podríamos constatar enla cantidad de personas inteligentes que hay en la sociedad contemporáneay que sin embargo, no tienen claridad conceptualde los valores que rigen su propia vida ni del sentido de su propiaexistencia. Y es una pena que muchos de los males de nuestrosiglo quizá pudieran solucionarse si se superara la apatíamoral de tantas personas de alto nivel intelectual.Arendt no sigue a Kant, al considerar que la incapacidad parapensar no es estupidez, que puede encontrarse en gente muy inteligentey que la maldad difícilmente es su causa.Ausencia de pensamiento no quiere decir estupidez; puede encontrarseen personas muy inteligentes, y no proviene de un mal corazón;probablemente sea a la inversa, que la maldad puede ser causadapor la ausencia de pensamiento. (ARENDT, 2002, p. 24)¿Cómo explicar que la “solución final” fuera planeada porcientíficos de alto rango en la Conferencia de Wannsee, que eminentesmédicos se ofrecieran para practicar la castración de 4000individuos al día o que Hans Frank, de rango intelectual incomparablementesuperior al de Eichmann, confesara ser quien diriSissiCano Cabildo120 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004gió el exterminio en Polonia ante el tribunal de Nuremberg, conla misma frialdad que Eichmann? (BILBENY, 1993, p. 23 y 85).Para Arendt, la ignorancia no es la causa de la maldad, ni lamaldad es la causa de la estupidez, más bien considera que laausencia de pensamiento puede llevar a decisiones frívolas, indolentesy/o ambigüas, de lo que puede resultar la “banalidad delmal”. Me parece que el enfoque arendtiano de la banalidad delmal está presente en lo que Norbert Bilbeny refiere como unasuerte de “idiotismo moral” donde no hay algún tipo de discapacidadmental sino inaplicabilidad del juicio práctico (BILBENY,1993, p. 22). Veamos el caso que relata Susan Sontag en suobra Ante el dolor de los demás, cuando a principios de 1994el fotoperiodista inglés Paul Lowe presentó una exposición defotografías de Sarajevo y de Somalia; los habitantes de Sarajevo,si bien estaban deseosos de ver nuevas fotos de la destruccióncontinuada de la ciudad, se ofendieron por la inclusión de lasimágenes somalíes. ¿Qué premisas o qué estructura lógica operóen la mente los bosnios para subestimar a otras razas? Sinduda había un matiz racista en su indignación, la gente en Sarajevonunca se cansó de señalar a sus amigos extranjeros que losbosnios son europeos (Cf. SONTAG, 2003, p. 130-1).A principios del s. XIX Philippe Pinel clasificó como “maníasin delirio” el insólito comportamiento irracional en personascon facultades de raciocinio intactas. Por ejemplo, Bilbeny refiereel caso de Mengele “el ángel de la muerte” (como le llamabanen Auschwitz) quien ejerció una criminalidad celosa de medidasde corrección, al punto de ordenar que el parto fuera impecable,antes de enviar a una madre y a su recién nacido al crematorio(BILBENY, 1993, p. 32). Pritchard le llamó a este tipo de comportamiento“locura moral”, Morel le llamó “locura de los degenerados”,Kurt Schneider los consideraba más bien “personalidadespsicopáticas”, Scholz le llamó “anestesia moral” y Tramer“cuadro hipoético” (BILBENY, 1993, p. 44 y 64), entre otros.Claro que detenernos en cada uno de estos enfoques psiquiátricosexigiría todo un trabajo especializado. Por el momento, miintención más bien era dejar ver que la Psiquiatría también hadetectado como altamente peligrosos a los efectos de la irreflexiónen el ámbito moral: la frialdad de su carácter errático, incapacidadde sentir culpa o arrepentimiento, irresponsabilidad, incapacidadde escuchar críticas, necedad, intransigencia e irritabilidadante las diferencias.Sentido arendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 121En alguna carta Blucher le escribió a Arendt: “cuando la estupidezse vuelve terquedad acaba convirtiéndose en maldad o encualquier caso, no puede distinguirse de la maldad” (ETTINGER,1995, p. 119). Lamentablemente sobran ejemplos de cómomuchos casos de egoísmo y de violencia han sido provocadospor el argumento infantil: “Porque lo digo yo”. La Psicología hadado constancia de que cuándo no se quiere aceptar alguna ideao acontecimiento puede darse cierto bloqueo mental, sin quehaya alguna lesión cerebral o algún tipo de demencia. Aún cuandouna persona pueda procesar el modus ponens y silogismosmás sofisticados, si no quiere aceptar “x” idea y sólo por el hechode que no quiere aceptar “x” idea, seguramente de nadaservirán mil y un argumentos al respecto para hacerle entender.Un dicho popular dicta que “no hay mejor ciego que el que noquiere ver”.De ahí que la apertura de pensamiento y de la autocrítica seade gran importancia no sólo para la investigación humanísticasino que resulta fundamental para garantizar cierto nivel de justiciaen la convivencia con los demás. Pocos son los psiquiatrasque no suscribirían que “si al menos hubiese reflexionado”, elíndice de violencia física y psicológica disminuiría considerablemente.El pensar práctico está en el origen de la responsabilidady sin embargo, no reparamos en el pensar práctico como un remediocontra la irresponsabilidad.Probablemente desde Sócrates, el pensamiento se entendiócomo el diálogo interior con el que uno habla consigo (eme emautó)y aunque este diálogo carece de toda manifestación externa eincluso requiere un cese más o menos completo de las demás actividades,constituye por sí mismo un estado grandemente activo.Pensar por uno mismo (Selbstdenken), dialogar con uno mismosupone cierto examen de conciencia que nos previene deaceptar algún sentido banal de la maldad y llevarlo a cabo sin remordimientos.¿Cuántos crímenes se han cometido por el “deshonor”?,¿“guerra contra el terrorismo”? Dostoievsky, por ejemplo,cuenta que en Siberia, entre docenas de asesinos, violadoresy ladrones, nunca conoció a un solo hombre que admitierahaber obrado mal.Arendt no cree que el pensamiento nos garantice distinguirde forma definitiva el bien del mal pero por lo menos, nos protegeráde asumir cualquier criterio pueril de los valores que rigennuestras vidas. La introspección en uno mismo es el puente haSissiCano Cabildo122 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004cia la interiorización de los demás y si bien es cierto que no garantizaconocer al ser humano en su totalidad, por lo menos nosamplía el sentido crítico para prevenirnos de cualquier manipulación.En el proceso de Eichmann y en los Juicios de Nurembergfue muy evidente que muchos de los nazis no fueron capacesde distinguir lo justo de lo injusto y mucho menos fueron capacesde valerse de su propio juicio.Claro que nadie quiere sentirse mal, ¿quién desearía tenerque convivir con un mentiroso o con un asesino? Pero no dejade ser impresionante los efectos del idiotismo moral porque parecieraanestesiar los sentimientos de quienes pueden hacer tantodaño sin sentirse afectados por ello. Richard Rorty relata cómoen Bosnia Petrovac, un musulmán fue obligado a cortarle el penecon los dientes a otro musulmán y lo explica a partir de que losasesinos y violadores serbios no creían estar violando los derechoshumanos porque suponían que tales cosas no se las estabanhaciendo a seres humanos como ellos sino a musulmanes;según ellos, nunca se comportaron de un modo inhumano sinosólo estaban diferenciando a los seres humanos verdaderos delos falsos (Cf. RORTY, 1995). En estos y muchos otros casospareciera que algunas personas carecen de sensibilidad, imaginacióny pensamiento; de lo que obviamente sería imposible esperarresponsabilidad moral.Los efectos de la falta de pensamiento se dejan ver no solamenteen el ámbito intelectual sino en la vida práctica. El pensamientonos puede prevenir de actuar mal, aunque no totalmenteporque es posible actuar mal a sabiendas de ello; pero eso noquita la importancia del efecto preventivo del pensamiento. Elexamen de conciencia rechaza la idea de hacer el mal porqueaunque parezca tautológico, uno se siente mal cuando actúa mal.El mal es execrable, siempre que el sentido de la maldad haya sidocomprendido por reflexión propia, claro. Lamentablementela maldad tiene otras tantas formas de manifestarse que puedenser más sofisticadas de realizar y de comprender pero de cualquierforma sigue viable la posibilidad de que al dialogar conuno mismo, uno pueda valorar las propias acciones y sentirsemal por hacer lo que suponemos que está “mal”, aun cuando dichasuposición no corresponda a un alto concepto propiamentefilosófico de la maldad. De hecho, todos lo hacemos conscienteo inconscientemente. Sócrates ya había señalado que la vida humananunca es moralmente neutra, siempre está sometida a examen.Sentido arendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 123Ahora que, lo deseable sería que los criterios axiológicos decada uno de nosotros sean construidos a partir de la crítica y eldiálogo, lo que Charles Taylor llama “fuerte evaluación”: las estimacionesmás estables de la conciencia común que por su estructurabinaria, distinguen cada una a su manera entre el bien y elmal (TAYLOR, 1989, p. 18). Distinción que en mi opinión, ha deestar presta siempre al debate público como una forma de prevenirnosdel maniqueísmo fascista o de la severidad jacobina.Por otra parte, la necesidad de estar en consonancia con unomismo constituye para Arendt la fuente de lo que se llama conciencia.Conciencia significa “conocer conmigo y por mí mismo”,una suerte de conocimiento que se actualiza en cada procesode pensamiento (ARENDT, 2002, p. 31).Según Sócrates, como debo convivir conmigo mismo y enrealidad soy la única persona de quien jamás podré separarme ycuya compañía deberé soportar eternamente, no deseo convertirmeen asesino, ni pasarme la vida acompañada de un asesino.“Es mejor que mi lira esté desafinada y que desentone de mí,e igualmente el coro que yo dirija, y que muchos hombres no esténde acuerdo conmigo y me contradigan, antes de que yo, queno soy más que uno, esté en desacuerdo conmigo mismo y mecontradiga” (PLATÓN, 1992, p. 79).Desde un enfoque similar, Aristóteles consideraba que la coherenciaestá implícita en la bondad y así mismo, es propio de laspersonas perversas estar en conflicto consigo mismas (ARISTÓTELES,1995, p. 361). Pero Arendt no cree en eso, decíaque “la gente mala, diga lo que diga Aristóteles, no está llena deremordimientos” (ARENDT, 2002, p. 91); porque quien desconocela relación silenciosa del yo consigo mismo no le preocuparáen absoluto contradecirse a sí mismo.Eichmann y muchos otros nazis tampoco padecieron de arrepentimiento,nunca se sintieron mal por sus crímenes, al contrario,parecían orgullosos de cumplir con su misión.Todo lo que hay que hacer es no iniciar nunca este diálogo silenciosoy solitario que llamamos pensar, no regresar nunca a casa ysometer las cosas a examen. Esto no es una cuestión de maldad ode bondad, así como tampoco se trata de una cuestión de inteligenciao de estupidez. A quien desconoce la relación del yo y mí mismo(en la que examino lo que digo y lo que hago) no le preocupará enabsoluto contradecirse a sí mismo, y esto significa que nunca serácapaz de dar cuenta de lo que dice o hace, o no querrá hacerlo; ni leSissi Cano Cabildo124 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004preocupará cometer cualquier delito, puesto que puede estar segurode que será olvidado en el momento siguiente. (ARENDT, 1995,p. 135)Por el contrario, Claude Eatherly, el piloto del avión que arrojóla bomba sobre Hisoshima y que fue capaz se sufrir la culpaatroz al respecto, por lo que refiere el exmarido de Arendt querealizaba idéntica tarea respecto de Claude, cuando Arendt encarabala investigación de Eichmann. A Eatherly y a sus copilotoslos recibieron como héroes, fueron condecorados porque con sumisión sellaron la derrota del enemigo y lograron la victoria totalen la segunda guerra mundial. Pero Eatherly se volvió loco,literalmente loco por un sentimiento de culpa implacable. Nadielo escuchaba, se desequilibraba porque su espanto era devueltocon felicitaciones, con lo que el horror se le volvía locura y lodiagnosticaron como síntoma de “fatiga de guerra”. Tuvo variasinternaciones infructuosas, salía del hospital para asaltar un bancosin llevarse el dinero. Aparentemente lo que le interesaba eraque lo acusasen de algún delito porque lo otro, el megadelito delmegacrimen era festejado como un triunfo. Vivió en hospitalespsiquiátricos por más de diez años.En Burning conscience, Günther Anders, militante de grupospacifistas que bregaban por el desarme nuclear, dijo queEatherly fue el primer culpable-inocente de los inicios de unatercera guerra mundial y le agradece su sufrimiento porque supesadilla es una esperanza para el futuro. Encontrar a alguiencomo Eatherly, que fue capaz de sufrir por el dolor que habíaprovocado en los demás, dignifica la condición humana que parecíaya muy devaluada después de la segunda guerra mundial(Cf. ABRAHAM, 2002, p. 209).¿Por qué Eatherly no fue tan indolente como Eichmann? Siguiendoa Arendt, diríamos que Eatherly se atrevió a hacer examende conciencia y sufrió la condena del autodesprecio y de laaversión interior. Mientras que Eichmann parecía que nunca seatrevió a pensar por sí mismo, por lo que nunca se cuestionó siestuvo bien o mal lo que hizo, con lo cual, nunca padeció de remordimientosde conciencia.Durkheim (1998) decía en el capítulo I de El suicidio, queen los países donde hay menos locos son donde hay más suicidios(p. 41). Pasa que, a veces la consciencia y la autoconcienciapueden rebelar monstruos interiores y eso puede resultar tan insoportableque puede llevar al suicidio o a la evasión de la realiSentidoarendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 125dad, llámese locura, como le ocurrió a Eatherly; pero este tipode experiencias no siempre tienen un final trágico, de la terribleexperiencia de sentirse mal por actuar mal, también puede derivarel interés por mejorar moralmente. Y esto es más esperanzadorque la idiotez moral de Eichmann.únicamente la pura y simple irreflexión – que en modo alguno podemosequiparar a la estupidez – fue lo que le predispuso a convertirseen el mayor criminal de su tiempo. Y si bien esto merece ser clasificadocomo ‘banalidad’, e incluso puede parecer cómico, y nisiquiera con la mejor voluntad cabe atribuir a Eichmann diabólicaprofundidad. (ARENDT, 1999, p. 434)Pero si aceptamos la incapacidad de pensar en Eichmann,prácticamente estaríamos diciendo que Eichmann es un discapacitadoo peor aún, que ni siquiera es un ser humano. Recordemosla idea aristotélica según la cual, una de las cualidadesque le faltan a los esclavos para poder ser considerados sereshumanos era la facultad de elegir deliberadamente.En una carta que Mary McCarthy le escribe a Hannah el 9 deJunio de 1971, le dice que:lo que estás diciendo es que Eichmann carece de una cualidad humanaintrínseca, la capacidad de pensar, de tomar conciencia: laconciencia. Pero, entonces, ¿no es sencillamente un monstruo? Siadmites que es malvado de corazón, le estás dejando cierta libertad,y eso nos permite condenarlo. (ARENDT; McCARTHY, 1999,p. 351)Al respecto, me parece que habría que recordar que para Arendttodos los seres humanos tenemos la capacidad del pensamientopero que la ejerzamos o no ya depende de la voluntad de cadaquien. En La vida del espíritu Arendt menciona explícitamenteque las actividades espirituales se llevan a cavo o no según la voluntaddel sujeto (Cf. ARENDT, 2002, p. 94). ¿Quién nos puedeprohibir pensar por sí mismo? Supongo que nadie. Aunqueya lo difícil sería llevar a cabo lo que pensamos, sobre todo en situaciones-límite donde es imposible que los individuos sean congruentes,pero parece ser que éste no fue el caso de Eichmann.Por supuesto que Arendt siempre reconoció que Eichmannera un ser humano y que por eso mismo tenía la capacidad depensar, por lo que pudo actuar de forma responsable, esto es,con la posibilidad de prever los efectos del propio comportamientoy corregir el comportamiento mismo a partir de tal preSissiCano Cabildo126 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004visión, pero si participó irreflexivamente en el genocidio fue porqueasí lo quiso (sea por pereza, por conveniencia o por la razónque sea). Así que, la “irresponsabilidad” de Eichmann no le restaimputabilidad.Rorty pareciera ser más condescendiente que Arendt al sostenerque las “malas” personas son así porque no fueron tanafortunadas en las circunstancias de su crianza (Cf. RORTY,1995, p. 74). Mientras que Arendt siempre defendió el sentidoético de la libertad individual (tema que abordaré en el tercerapartado de este capítulo), por lo que consideró que Eichmann,como cualquier ser humano que no está en situaciones-límite,tuvo la libertad de decir NO y hacer otra cosa con su vida. Recordemosque una acción es censurable si el agente pudo abstenersede realizar dicha acción; y parece ser que Eichmann pudoabstenerse pero no lo hizo, y por eso es que fue condenado.Eichmann fue un claro ejemplo de cómo por falta de pensamientoalguien puede participar en la burocratización de la maldad,donde las maquinarias administrativas parecen obnubilarla responsabilidad individual, donde los subalternos desde la jerarquizaciónde funciones tramitan la responsabilidad final a lasélites.¿Habría muchos Eichmann en potencia durmiendo dentrode los “ganadores” de la sociedad hipertecnificada? Arendt rechazabala idea de que hay un Eichmann en cada uno de nosotros”.Bernstein (2001) cuenta que cuando alguien quiso atribuírsela,Arendt respondió: “Siempre he odiado esta idea de un‘Eichmann en cada uno de nosotros’. Es simplemente falsa. Tanfalsa como la afirmación contraria, que Eichmann no está ennadie” (p. 38).Para Arendt todos los seres humanos somos libres. Ningúnser humano es efecto necesario de algún fatalismo histórico y/obiológico, de manera que ni Eichmann ni nadie representan elparadigma fatal de la conciencia humana.Lo que sí ocurre es que todos tenemos la libertad de actualizaro no las potencialidades espirituales y en este sentido, podemosejercer o no el pensamiento. Pero el problema es que actualizaro no nuestras posibilidades humanas siempre repercute enlos demás, lo queramos o no, y es prudente darse cuenta de ello.La autonomía de nuestras capacidades no se traduce en independenciade sus efectos; veamos que por falta de pensamiento,de juicio o de voluntad, podemos atentar contra los demás. EsSentido arendtiano de la “banalidad del mal”Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004 127así que debemos y podemos ser juzgados de responsables o irresponsables.Uno de los grandes problemas planteados en el proceso deEichmann, común a todos los modernos ordenamientos jurídicos,fue que para la comisión de un delito es imprescindible queconcurra el ánimo de causar daño y cuando dicho ánimo noconcurre por las razones que sean, incluso las de la locura moral,que el sujeto no pueda distinguir entre el bien y el mal, consideramosque no puede haber delito. Desde este enfoque Eichmannpudiera interpretarse como inocente porque parecía nohaber actuado con alevosía pero Arendt considera que tambiéndeben ser condenados los actos cometidos por estupidez. En esteaspecto, Berstein sostiene que el juicio de Arendt sobre Eichmannllevó a una reelaboración del concepto de responsabilidadmoral al afirmar que la responsabilidad ya no estaba intrínsecamenteligada a la intención criminal. El proceso obligó a poneren duda la idea de que un delito es reconocido como tal si lo cometieroncon la intención de causar daño; sobre todo en los regímenestotalitarios donde la responsabilidad moral ya no puedelimitarse a los iniciadores del mal sino que también hay que teneren cuenta a los agentes y a los coadyuvantes del mal. ParaArendt Eichmann es moral y legalmente culpable de los crímenesque cometió aunque no hubiera matado con sus propias manospor lo que finalmente se mostró a favor de la pena de muertepara Eichmann. Ya detenernos en analizar si es correcto estar afavor de la pena de muerte sería comprometernos en otro temade investigación que bien nos distraería del tema central de estetrabajo, tema que podría ser muy cuestionado en una pensadoraque también reivindicaba el perdón, sin embargo, mi intenciónsólo era dejar ver que Eichmann fue considerado culpable paraArendt a partir del reconocimiento de la libertad y es que para laautora judía, cada hombre es libre y por lo tanto, responsable desus actos y de sus pensamientos. Dejaré el tema de la libertadcon libertad para otro momento.CONCLUSIÓNPara Arendt el pensamiento (Denken) es la actividad espiritualde la autorreflexión.Arendt no considera que el pensamiento nos pueda garantiSissiCano Cabildo128 Horizonte, Belo Horizonte, v. 3, n. 5, p. 101-130, 2º sem. 2004zar la máxima altura de algún ideal pero sí supone que el hombrepuede caer en la estupidez por falta de pensamiento, lo quepuede ser tanto o más peligroso que el sadismo declarado; tesisque Arendt sostuvo después de estudiar el caso Eichmann, unade las principales cabezas de la burocracia nazi y que murió conla idea de no haber actuado mal, muy por el contrario, siemprese mostró satisfecho y orgulloso de sí mismo.Desde este enfoque, el pensamiento tiene una importante funciónpreventiva en el ámbito ético-político, en cuanto que la autorreflexiónnos previene de la “banalidad del mal” y con esto,de la ambigüedad del concepto de maldad que suponen algunaspersonas, que les hace manipulables a cualquier concepto superficialde lo bueno y de lo malo; banalidad que no minimiza lacrueldad de sus efectos en lo privado y en lo público.El ejercicio del pensamiento no depende del nivel informativodel Sujeto, ni de cualquier otro factor cultural, sino básicamentede su libertad. Lo que deviene en mayor responsabilidadpara el Sujeto pero también en una ráfaga esperanzadora parala apropiación de algún peldaño hacia el progreso.En un mundo con tantos prejuicios sociales y religiosos, contanta información tergiversada por los medios de comunicacióny con tanta demagogia política, asumir la “duda socrática” nospuede alertar o prevenir de criterios perniciosos. Después detodo, ninguna reflexión está de más...

MI HISTORIAL

Estudios profesionales:
• Curso de inglés avanzado en el Instituto “John F. Kennedy”, Puebla, Pue., 1988.• Diplomado en Estética Contemporánea, BUAP, Puebla, Pue., 1993.• Licenciatura en Filosofía, BUAP, Puebla, Pue., 1995.• Diplomado en “Sistema Político Mexicano”, BUAP, Puebla, Pue, 1997.• Seminario de especialización “Política, tradición y actualidad”, Tlaxcala, Tlax., 1999.• Seminario sobre “Valores y éticas en la sociedad actual” impartido por el Dr. José Ma. Mardones, Universidad Iberoamericana, México, 1999.• Maestría en Ciencias Políticas, BUAP, Puebla, Pue., 1999.• Doctorado en Filosofía Práctica en la Universidad Complutense de Madrid, España, 2004.• Seminario de Autorrealización, UAT, Tlaxcala, Tlax., 27 de Abril al 31 de Mayo del 2007.
Experiencia Profesional:
• Docente en las materias de Ética, Estética, Filosofía Política, Epistemología y Metodología de la Investigación en la Universidad Autónoma de Tlaxcala, 1993-2007.• Profesora adjunta en la materia “Introducción al Pensamiento Político” en la Maestría de Ciencias Políticas, BUAP, México, 1997.• Docente de las materias de Estética y de Epistemología en la Maestría en Educación en la Universidad Pedagógica Nacional, México, 1998-2000.• Docente en la materia de Historia de las Ideas Políticas en la Licenciatura de Ciencias Políticas de la BUAP, 2005 hasta la fecha.
Conferencias:
• Ponente en la serie de “Jornadas filosóficas”, realizadas cada año, UAT, México, 1993-a la fecha.• Participación como ponente en la II Mesa de trabajo sobre Investigación en Ciencias Políticas, BUAP, Puebla, Pue., 1997.• Participación como ponente en el Ciclo de Conferencias de la 6ª semana Cultural del Instituto Salvador Allende, Puebla, Pue., 1998.• Participación como ponente en el Ciclo de Conferencias de la 7ª semana Cultural del Instituto Salvador Allende, Puebla, Pue., 1999.• Participación en el Coloquio Internacional de Filosofía Política Contemporánea “El vértigo de la Democracia”, BUAP, Puebla, Pue., 1999.• “Libertad y Política en Hannah Arendt” en el XIV Congreso Interamericano de Filosofía y X Congreso Nacional de Filosofía, Puebla, Pue., 1999.• “Propuesta ético-política de Hannah Arendt en el “Foro de las Américas”, Tlaxcala, Tlax., 1999.• “Propuesta ético-política de Hannah Arendt” en el XI Coloquio Nacional sobre la enseñanza de la Filosofía”, Toluca, México, 1999.• “Reflexiones éticas de Hannah Arendt”, en Las primeras jornadas internacionales de Ética, Buenos Aires, Argentina, Mayo del 2000.• “Sentido de la libertad de Isaiah Berlin” en el Coloquio Nacional sobre la enseñanza de la Filosofía: educación y globalización, Guerrero, 2000.• “Concepción arendtiana del Sujeto ético-político”, Habana, Cuba, 2001.• “Crítica arendtiana a los valores capitalistas” en el Colegio de Bachilleres de Puebla, Marzo del 2005.• “El sentido arendtiano del pensamiento y de la banalidad del mal” en el Coloquio Nacional sobre Ética sin Filosofía o con Filosofía, BUAP, Puebla, Marzo del 2005.• “Importancia de la actividad filosófica del pensamiento en el mundo” en el XVII Coloquio Nacional sobre la enseñanza de la Filosofía y las XII Jornadas Filosóficas, UAT, Tlaxcala, Octubre del 2005.• “La importancia de los valores para la vida” en el Colegio de Bachilleres de Puebla, Febrero del 2006.• “Repercusión política del pensamiento humanista” en el Coloquio sobre las Humanidades en la Universidad Pública Mexicana, UAT, Tlaxcala, Abril del 2006.• “Aportaciones axiológicas de Hannah Arendt”, Congreso Internacional de Ética y Memoria Histórica, ITESM, campus México Octubre del 2006, México, D.F.• “Valores ético-políticos de Hannah Arendt”, Primer Congreso Internacional sobre Paz, Democracia y Desarrollo, Universidad Autónoma del Estado de México y Universidad de Alicante, Octubre del 2006, Toluca, Méx.• Homenaje a los cien años del nacimiento de Hannah Arendt, XIII Jornadas Filosóficas de la UAT, Octubre del 2006, Tlaxcala, Tlax.• "Educación y valores en el contexto de la globalización”, VIII Aniversario del CECyTE, Noviembre, 2006, Tlaxcala, Tlax.• “La importancia de la Filosofía en el contexto de la globalización” en el Colegio de Bachilleres de Puebla, 16 de Febrero del 2007.• “Crítica al sentido de la autorrealización de Isaiah Berlin” en la UAT, Tlaxcala, Tlax., 11 de Mayo del 2007.• “Reflexiones en torno al Aborto” en la UAT, Tlaxcala, Tlax., 18 de Mayo del 2007.
Publicaciones:
• Publicación del artículo “Propuesta ético-política de Hannah Arendt” en la Memoria del I Foro: Las mujeres en el nuevo milenio, ISSN 1679-9615, Tlaxcala, UAT, 2001, pp. 24-53.• Publicación del artículo “Sentido arendtiano del pensamiento y de la banalidad del mal” en la Revista Horizonte, n.5, vol.3, PUC MINAS, ISSN 1405-4752, Brasil, 2004, pp. 101-130.• Publicación en soporte electrónico de la tesis doctoral por parte de la Universidad Complutense de Madrid, ISBN 84-669-2539-2, www.ucm.es/BUCM/2006.htm, España, 2005.• Publicación del artículo “Sentido arendtiano de la banalidad del mal” en la revista Intersticios, no. 22-23, Instituto Internacional de Filosofía de la Universidad Intercontinental, ISSN 1405-4752, México, 2005, pp. 135-160.
Publicación del artículo: “Sentido arendtiano de la banalidad del mal” en la revista PAIDEIA, no. 81, SEPFI, ISNN 0214-7300, Madrid, 2008, pp. 65-86.
Otros:
• Reconocimiento en el Concurso Internacional de Ensayo con el tema de “Ética y libertad”, Instituto Cultural Ludwig Von Mises, A:C:, 1994.• Reconocimiento del Cum Laude en la Maestría en Ciencias Políticas, BUAP, Puebla, Pue., 18 de Octubre de 1999.• Participación como comentarista en el 2° Coloquio Internacional de Filosofía Política Contemporánea, Puebla, Pue. 2000.• Participación en el programa de radio del “Jardín de las dudas” de la BUAP con una estrevista acerca de Hannah Arendt, 2001.• Reconocimiento del Cum Laude en el Doctorado en Filosofía Práctica en la Universidad Complutense de Madrid, España, 26 de Noviembre del 2004.• Curso sobre “Ética y valores” en el Colegio de Bachilleres de Tlaxcala, del 25 al 29 de Abril del 2005.• Presentación del libro El gran trance al siglo XXI del Dr. Paulino Arellanes, en la UAT, Tlaxcala, 2005.• Presentación del libro Guía para la presentación de Informes Académicos de la Mtra. Cristina Sánchez Azuara y el Mtro. Martín Sánchez Camargo en la UAT, Tlaxcala, 2005.• Presentación del libro Letal obsesiones de la posmodernidad, Facultad de Filosofía de la UAT, Tlaxcala, Tlax., 20 de Abril del 2007.

propuesta-etico-politica-de-hannah-arendt

Primeras Jornadas Internacionales de Ética "No matarás"Facultad de Filosofía, Historia y Letras - Universidad del SalvadorBuenos Aires, 17, 18 y 19 de mayo del 2000
PROPUESTA ÉTICO-POLÍTICA DE HANNAH ARENDT
“La revolución social será moral o no será”Peter StenfieldRealizado por: Sissi Cano Cabildo
Ante criterios autoritarios, neoliberales y hasta “posmodernos”, la perspectiva ético-política de Arendt bien puede confortar espíritus que aún añoren alguna filosofía esperanzadora que no caiga en utopías, algún discurso amable que no pierda consistencia, algún pensamiento frágil sin barrocas pretensiones. Presento, así, la reivindicación arendtiana de los conceptos de libertad, política, comprensión, philía, promesa y perdón como una alternativa esperanzadora de la ruta apocalíptica de la historia, que pareciera ineluctable.
Empezaré argumentando los conceptos arendtianos de libertad y política; luego, el de comprensión y philía y, por último, promesa y perdón.
1.1. Libertad y política
En sus obras La vida del Espíritu y ¿Qué es la Política? Arendt promueve el sentido positivo de la libertad para hacer viable la posibilidad de dignificar la política y, con esto, la misma condición humana.
Este reto de dignificar la política es logrado por nuestra autora a partir de la reivindicación de la política en su sentido aristotélico: como organización libre para atender intereses públicos; nada que ver con ese sentido tan común y desvirtuado de ver la política como una actividad maquiavélica o como el ejercicio autorreferencial y exclusivo del gobierno.
De manera que, si rescatamos este sentido de la política y si asumimos en nosotros la “posibilidad de cambio” o libertad positiva, entonces, estaremos más prestos a asumir la responsabilidad de construir nuestro futuro.
Ahora bien, hablaré de libertad positiva a la luz del enfoque que Berlin nos ofrece en su texto Cuatro ensayos sobre la libertad. Según Berlin, a lo largo de la historia de la Filosofía se han dado dos sentidos fundamentales de este concepto: uno positivo y otro negativo.
La libertad positiva corresponde al sentido estricto y profundamente filosófico de la libertad. Se caracteriza, básicamente, por ser una facultad metafísica de la autodeterminación, y, en este sentido, es una cualificación de la voluntad que, por su propia definición, es ilimitada y creativa. Habría que ver qué tan coherente, en su estructuración lingüística, resultaría hablar de libertad limitada... No obstante, la libertad negativa rescata un sentido más débil, pero funcional, para el discurso cotidiano y jurídico: sólo se refiere a la ausencia de coerción para realizar los deseos individuales, de donde entenderemos por qué es ya una cualificación de la acción y que, por eso mismo, aparecerá siempre limitada y determinada por la colectividad. Desde esta lógica, la contingencia del sujeto es posible si, y solo si, reconocemos la libertad positiva en el hombre, pues si el hombre puede cambiar cuando quiera no será porque esté determinado por el contexto, sino porque en él existe la facultad metafísica de la autodeterminación. Mientras que, desde una concepción necesaria, donde los actos humanos son ineluctables y determinados, hay margen para aceptar la libertad solamente en un sentido negativo y/o político.
Los primeros que logran sugerir esta idea de la contingencia y de la libertad positiva fueron los sofistas. Idea que retomarán después en la tragedia griega, en el epicureísmo y en el estoicismo. Pero que encontrará consistencia y sistematicidad hasta en la Filosofía Cristiana; después, será desarrollada por Escoto, Descartes, Kant, Nietzsche, Hegel, los existencialistas, Isaiah Berlin, Hartmann y Arendt, entre los más importantes.
Ya la concepción necesaria y el sentido negativo de la libertad fue planteado por primera vez con la Filosofía Griega y será desarrollado después, principalmente, por Spinoza y Hobbes.
Ahora bien, en sus textos de La vida del espíritu y La condición humana, Arendt subraya la contingencia de los actos humanos y, consecuentemente, destaca el sentido positivo de la libertad que le lleva a cuestionar concepciones necesarias como el determinismo histórico y el iusnaturalismo.
Para esto, Arendt recurre al argumento, que ya había sido planteado por San Pablo, de que la libertad se asume a partir de la “posibilidad de cambio”, facultad que no tienen los demás animales, que siempre estarán determinados por la naturaleza. La libertad humana, por el contrario, está garantizada básicamente por la capacidad de decir sí o no a lo que venga dado de afuera. Cito del texto de Crisis de la República: “Sin la libertad mental para afirmar o negar la existencia, para decir sí o no, no sería posible acción alguna, y la acción es, desde luego, la verdadera materia prima de la política”[1]
Y al reconocer la libertad positiva (aunque Arendt nunca habla de libertad positiva literalmente), resulta congruente que acabe reconociendo la creatividad humana. Sólo que aquí, hay un aspecto importante: que, más allá de los efectos éticos y estéticos de la creatividad humana, nuestra filósofa subraya los efectos políticos de la creatividad, y esto lo desarrolla en su concepto de “natalidad” en la acción política. Explicaré ahora este concepto arendtiano de “natalidad”.
Así como los griegos identificaban a los hombres como “mortales”, Arendt prefiere el adjetivo de “natales” no porque niegue la finitud de nuestra condición humana, sino porque considera más relevante el hecho de que en cada nacimiento humano nace también una nueva forma de vivir.
Cito de Los orígenes del totalitarismo: “El comienzo, antes de convertirse en un acontecimiento histórico, es la suprema capacidad del hombre; políticamente, se identifica con la libertad del hombre. Este comienzo es garantizado por cada nacimiento humano; este comienzo es, desde luego, cada hombre”[2].
Ahora bien, ya el sentido negativo de la libertad aparece en el concepto arendtiano de liberación, como lo deja ver en su obra Sobre la Revolución, donde menciona que “los frutos de la liberación son las libertades negativas -ausencia de coerción, la posesión del poder de locomoción, el derecho de reunión, de petición, y ser libres del miedo y de la pobreza- no constituyen el contenido real de la libertad, la cual consiste en la participación en los asuntos públicos o en la admisión en la esfera pública”[3].
Con esta cita, quiero explicar por qué, para Arendt, la lucha por la liberación o por amplios márgenes de libertad negativa no conduce necesariamente al ejercicio de la libertad política; y así es cómo, históricamente, hemos visto altos niveles de participación pública en medio de restricciones severas y, a la inversa, poco ejercicio de la libertad política en personas que gozan de altos márgenes de libertades jurídicas y sociales.
Quiero decir, pues, que Arendt prefiere reivindicar la libertad positiva y ciertos valores éticos para exhortar a la participación pública y a no quedarse cruzado de brazos responsabilizando al gobierno, a la historia o a quién más...
Para nuestra autora, la libertad política significa el derecho de participar en el gobierno, o no significa nada.
Además, desde esta perspectiva neoaristotélica, libertad y poder se implican mutuamente. Si el concepto arendtiano de “poder” se fundamenta en la idea griega dynamis que significa capacidad humana de actuar en concierto, y la libertad política significa participación pública, es evidente que estos dos conceptos se actualizan bicondicionalmente.
Esto es, que el poder se alcanza con la unión, pues la fuerza decisional de mayorías organizadas puede tener más alcance que cualquier forma de dictadura o de violencia. De ahí que existan países pequeños que aventajen a grandes naciones.
Como se ve, la libertad política y el poder nacen “entre” los hombres; no corresponden, entonces, a formas de vida atomizada o aislada; en este sentido, son una responsabilidad pública.
Para esto, Arendt clasifica las formas de vida activa en: labor, fabricación y acción. La labor corresponde a la actividad ligada a las necesidades vitales del cuerpo humano, produce bienes de consumo y puede realizarse sin la presencia del otro; ya la fabricación se caracteriza porque produce bienes artificiales de uso; y la acción sería ya la actividad propiamente política.
Y como lo mencioné al inicio, Arendt rescata el sentido aristotélico de la política, que no significaba –como lo han hecho ver algunas traducciones- la ubicación física de cualquier ciudad-estado o una forma específica de gobierno. La idea griega de la polis tampoco correspondía precisamente a lo social, puesto que, para Platón y Aristóteles, lo natural y gregario se nos impone por necesidades de la vida biológica, mientras que la política era considerada como una forma de vida estrictamente humana, solamente superada por la actividad teorética. El estatus más bajo lo tenía el idiotés: el que no tenía intereses públicos o universales, solamente particulares.
La propuesta arendtiana invita, pues, a rescatar la idea de la política como participación pública y a que nos reconozcamos como entes libres, que podemos autodeterminarnos para poder atrevernos a creer que la posibilidad de mejorar la realidad pública depende de lo que estemos dispuestos a construir.
Ahora, resta distinguir un aspecto muy importante: ¿qué motivos llevan a la participación pública?, y saber, entonces, qué valores habría que fomentar en los ciudadanos para una reestructuración de la política.
1.2. Comprensión y philia en la política
No será el ansia de dominio a lo que invitará Arendt, sino que, por utópico que parezca y sin caer en sentimentalismos baratos, reivindicará la importancia de la comprensión y el valor de la "philía" como principal impulsor de una auténtica actividad política. Y para esto, parte de una crítica severa al ensimismamiento.
Arendt misma reconocía que, a partir de la muerte de su padre, se había encerrado en una constante introspección que la llevaron a un punto casi patológico de vulnerabilidad. Con esta actitud entró en la Universidad. Ni el ejemplo dado por Jaspers de compromiso con la razón práctica, la llevaron a interesarse en las cuestiones políticas. Lo que le interesaba era la Teología, sobretodo, desde la perspectiva de Kierkegaard.
Años más tarde, Arendt se encontrará con la filosofía, pero también con su primer amor: Heidegger. Fue su profesor universitario cuando ella solo iba a cumplir los dieciocho años, mientras que él ya se acercaba a los cuarenta. Sintió por él lo que, en Las sombras, llamó una "indeclinable devoción a un solo ser". Pero lo que la alejó de él no fue precisamente su condición de casado, sino su afiliación al partido nazi.
Este será un elemento detonante para que Arendt considerara que el conocimiento no siempre garantiza el desarrollo de la comprensión, ni una participación política digna y justa. Además de que, para 1932, el pensamiento de Arendt ya tenía matices políticos; tal vez, porque también pesaron el hecho de ser hija de una mujer social‑demócrata y de haberse casado con un hombre de izquierda, Günther Stern.
En alguna ocasión, Arendt diría de la filosofía heideggeriana que era un discurso altamente intelectual y abstracto, pero "sin amor y, en consecuencia, carente de un estilo amable".
A nuestra filósofa y a algunos otros, nos seduce más la invitación de Novalis de que "el mundo tiene que ser romantizado". Hay que acabar con el objetivo frío y arrogante de reducir la Filosofía a una elitista arquitectura semántica que redunda en la abstracción y descuida el compromiso con la sensibilidad humana.
La ausencia de emociones ni causa ni promueve la racionalidad. La objetividad y ecuanimidad ante la tragedia inaguantable pueden ser aterradoras. Lo contrario de lo emocional no es lo racional ‑sea cual fuere el sentido que le demos a este término‑, sino la incapacidad de dejarse conmover, que suele ser un fenómeno patológico, o bien el sentimentalismo, que es una perversión del sentimiento.
Cuando Arendt asistió al juicio de Eichmann en Jerusalén, se impresionó de la superficialidad del acusado, de su actitud común y corriente. En ningún momento, los que participaron en las atrocidades de los campos de concentración y del régimen nazi mostraron un tipo de personalidad al estilo de los "malos" del cine; eran gente que acostumbraba a llevarle flores a la novia, a rezar por las noches, etc. Ni tampoco mostraban algún placer sádico u orgullo por haber tenido en sus manos a tanta gente. Pero lo que sí dejaron ver claramente es que nunca reflexionaron seriamente sobre lo que hicieron, pues esto no les conmovía lo suficiente.
De estos hechos, Arendt comenta que tanto el extremo pecado como el mal voluntariamente deseado son muy raros, incluso, más raros que las buenas acciones. Aunque, por supuesto, esto no anula los efectos de la maldad. Las leyes y todas las instituciones duraderas se arruinan no sólo por la embestida de la maldad elemental, sino también por el impacto de la inocencia bruta.
¿A qué nos lleva la insensibilidad?, ¿a qué conduce la incapacidad de sufrir por el dolor ajeno? Arendt afirmará que la objetividad fría y aristocrática no se halla en el principio de la comprensión. Hay que disponerse a dejarse afectar por la felicidad o por la desgracia representadas en las generaciones venideras.
Para Arendt, el don de un corazón comprensivo es la facultad de la imaginación. Si cada persona, en cuanto única y distinta, es extranjera en el mundo, sólo mediante la imaginación podemos acercarnos al "otro" emocional y epistemológicamente; comunicarnos, así, de tal forma que podamos verlo y comprenderlo sin parcialidad ni prejuicio. "Sin este tipo de imaginación que, en realidad, es la comprensión no seríamos capaces de orientarnos en el mundo. Somos contemporáneos sólo hasta donde llega nuestra comprensión"[4].
Desde la perspectiva griega, la política se consideraba como una actividad desinteresada. Ni la labor, ni el trabajo eran auténticamente humanos, puesto que servían a lo necesario y útil. La expresión "Economía Política" habría sido para el pensamiento griego una contradicción de términos, pues cualquier cosa en relación con la supervivencia de la especie no era política; se trataba de un asunto familiar, "administración doméstica colectiva". La familia era el ámbito de lo privado, mientras que sólo en lo público se desarrollaba lo político.
Arendt intenta rescatar de los griegos este compromiso con lo público, este nivel de maduración ética propia de los que superan el exclusivo interés por uno mismo (gr. idiótes: los que no se interesaban por lo público, sólo por lo particular) o el egocentrismo (en términos freudianos). "Con la urgencia tensa de los que tienen en su mente la historia del mundo, dejaba de lado a quienes sólo pensaban en sí mismos"[5].
Con esta cita, también, quiero cuestionar la crítica que hace Toni Negri a nuestra autora judeo-alemana en cuanto afirma que "Arendt desdeña a Rousseau como teórico de la compasión (...). Ataca con ferocidad la categoría de la piedad y de la compasión como funciones devastadoras de la formación de la ideología de la cuestión social"[6].
Para aclarar esta crítica, primero, habría que analizar la distinción que hace Arendt entre piedad, compasión y solidaridad en el segundo capítulo de su texto Sobre la Revolución. Según nuestra autora, la piedad es un sentimiento pervertido de la compasión, que existe funcionalmente por la desgracia de los otros; la compasión ya es, más bien, la disposición estética de compartir pasiones (gr. pathos); mientras que la solidaridad es un principio que puede inspirar y guiar la acción, en cuanto participa de la razón y, por lo tanto, de la generalidad, capaz de deliberar por los intereses no sólo de los oprimidos, sino de toda la comunidad, sin sentimentalismos que respondan a intereses particulares.
Sostengo, así, que, si algo criticaba Arendt, además del totalitarismo, era el ensimismamiento y el egoísmo, no precisamente a la piedad o a la compasión. En el peor de los casos, la gente que tiene piedad o capacidad de sufrir por el dolor ajeno se interesa por resolver necesidades inmediatas de algunas personas, con lo que, finalmente, no transgrede algún derecho humano fundamental. Mientras que la insensibilidad por el "otro", sí, resulta peligrosamente aterradora, hecho mismo que explica la frescura de los nazis.
Tampoco es que la responsabilidad a la que debemos enfrentarnos nazca de un ideal absoluto de perfección humana. Arendt nunca propuso una esencia universal del "hombre", sino, más bien, un lazo universal "entre los hombres". Y creyó encontrar este lazo universal en el concepto agustiniano de amor al mundo. Pero, para San Agustín, el amor verdadero no aspira a lo presente y mudable, sino a lo eterno y verdadero. El deseo de la vida eterna, el justo objeto del deseo, es llamado por San Agustín, caritas, mientras que el deseo erróneo de objetos perecederos es llamado cupiditas. Y fue este aspecto lo que le preocupó a Arendt, pues no encontraba la forma de que el principio cristiano de la no mundanidad pudiera ser adecuado para conducir a la gente. Su preocupación tardía por los espacios públicos no pudo enraizarse en la Filosofía Cristiana, sino en el pensamiento griego, una vez más.
Arendt se queda con el concepto aristotélico de la amistad, nada que ver con la dicotomía amigo-enemigo de Carl Schmitt. En su texto Crisis de la República menciona, por ejemplo, cómo, en la historia de las revoluciones, nunca fueron los oprimidos y los degradados quienes mostraron el camino, sino quienes no estaban oprimidos ni degradados, pero no podían soportar que otros lo estuvieran.
A diferencia del amor filial de los padres o el amor de pareja, por lo intensamente privados que son, acaban eximiendo compromisos comunitarios, y hasta están dispuestos a corromperse y a hacer cualquier daño con tal de que la persona amada no sufra.
"El amor, por su naturaleza intrínseca, no es de este mundo, y por esta razón, más que por su infrecuencia, no es sólo apolítico, sino antipolítico; quizá, la más poderosa de todas las fuerzas humanas antipolíticas"[7].
Finalmente, es necesario valorar que su propuesta de la política y de la philía no se redujo a ser solamente un discurso intelectual y emotivo, sino que realmente lo llevó a la práctica; siempre tuvo una participación política constante. Decía que “los pesimistas son cobardes, pero los optimistas estúpidos”[8]... Mencionaré sólo algunas de sus actividades más importantes: trabajó para organizaciones sionistas, fue secretaria ejecutiva del Aliyah de la Juventud, escribió para el periódico judío‑alemán de N.Y. Aufbau, participó en la campaña de Judah Magnes en pro de un Estado binacional en Palestina, cubrió el proceso de Eichmann para el New Yorker y participó en una emisión de televisión donde polemiza la política del Vaticano hacia el Tercer Reich, además de múltiples cursos y conferencias que impartió en varias de las mejores universidades.
1.3. Libertad, promesa y justicia en la política
Arendt propone conjugar la libertad y la justicia en la política siempre que el conjunto de individuos ejerza su libertad positiva para estar en disposición de cumplir sus respectivas promesas y posibilitar, así, criterios contractualistas de justicia, que en seguida analizaré.
Considero que, a lo largo de la historia de la Filosofía, el concepto de justicia ha tenido dos virajes importantes:
a) Primero, la Justicia como el cumplimiento de la función específica de cada ser mediante el respeto a la ley (humana, natural y/o divina). Así, por ejemplo, los griegos vieron a la justicia como la virtud que preside el ordenamiento en un todo armónico y equilibrado tanto de las sociedades humanas como del cosmos.
Y de aquí, quiero dejar ver cómo este concepto de justicia implica una jerarquización, supeditación que acaba justificando la desigualdad social y de oportunidades. No es gratuito que los filósofos griegos acabaran justificando la esclavitud.
Nótese que este concepto de justicia tampoco garantiza el ejercicio de la libertad positiva, puesto que no considerará justo que a los hombres se les permita ser lo que quieran, sino lo que deban ser. Aunque esta idea pudiera contener cierto realismo si recordamos, de Nietzsche, que "hay hombres a los que no debes dar la mano, sino la pata"...[9].
No obstante, considero que el aspecto débil de ver a la justicia como el cumplimiento de la función específica de cada ser consiste en saber cuál es dicha función sin caer en arbitrariedades o en intereses personalísimos o de clase.
Kelsen ha acusado a esta definición de tautológica, precisamente por no tener indicación alguna de lo que es lo suyo y, en realidad, solamente prescribir conformarse a una ley o regla que establezca, para el caso, lo que cada uno espera.
b) Ya el segundo concepto de Justicia, como el cumplimiento de un pacto, se lo debemos a Hobbes, noción que posteriormente desarrollarán Locke, Rousseau y John Rawls, principalmente,
Nótese que desde este concepto de justicia, sí se garantiza la libertad, puesto que el contenido de cada pacto sólo dependerá de los pactantes en cuestión, les guste o no a los demás.
Ahora bien, de este concepto contractualista de justicia, Arendt no infiere la justificación de cualquier trasgresión al derecho, porque bien es posible la concordancia entre el "querer" y el "deber", de manera que es posible el cumplimiento de normas previamente establecidas sin que se minimice la facultad creativa de hacer promesas.
Desde esta lógica, cabe entonces la posibilidad de reformar la ley, si es que esto es resultado de un acuerdo consensual. Recordemos que los conceptos arendtianos de la libertad y acción en ningún sentido nos llevan a la resignación.
En este sentido, también, es que podemos decir que solamente los hombres libres son soberanos, porque sólo se obedecen a sí mismos. Toni Negri, por ejemplo, se refiere al soberano como aquel que puede suspender la ley. Desde la perspectiva nietzscheana, la acción de suspender, lejos de ser definida en términos negativos, funda la posibilidad de lo positivo. Cuanto más se muestra decisión en la negatividad, tanto más se abre, radicalmente, un número de posibilidades fundadoras, innovadoras, lingüísticas y constitucionales. Con esto, el acto constitutivo se abre positivamente, y es sobre esta profundidad creativa y extensiva a la que se refiere Arendt.
Autores como Hans Joas, Bordieu, Elías, Foucault y Giddens sostienen, por ejemplo, que la capacidad creativa de la acción implica que los acuerdos alcanzados entre individuos o colectivos no es la meta final de una interacción comunicativa. Se trata sólo de consensos momentáneos, históricos como el hombre, sujetos, por lo tanto, a una continua revisión por los involucrados. La meta no es, entonces, el consenso normativo, sino la acción social colectiva orientada a una superación creativa de los problemas políticos.
Pero, pese a la condición histórica de los acuerdos, Arendt se da cuenta de que la efectividad del cumplimiento de un pacto depende, fundamentalmente, de que los individuos cumplan sus promesas. Una vez más, sostengo que la condición axiológica de los ciudadanos será lo que posibilite mejores alcances de justicia política.
En un mundo corrupto y competitivo, las promesas siempre inspiran desconfianza; y más que en la facticidad histórica, muy pocas veces se han respetado los pactos. ¿Tendrá razón Hobbes al decir que los pactos, sin espada, son pura palabrería?, ¿cómo invitar, entonces, al cumplimiento de las promesas?...
Rawls prefiere hablar (con la prudencia y realismo que da el conocimiento) de condiciones hipotéticas para el cumplimiento de la justicia. Dice que será necesario que los pactantes sean racionales, desinteresados y que estén en condiciones de igualdad para que el concepto contractualista de justicia sea aplicable.
Arendt confía en el reconocimiento de la libertad en uno mismo para que, así, nos responsabilicemos del cumplimiento de nuestras propias promesas. Mientras que, desde una perspectiva necesaria del sujeto, el cumplimiento de una promesa dependería de muchos otros condicionamientos contextuales.
Para sugerir esta idea poderosa, Arendt rescata un bello pasaje de la Biblia: Abraham, el hombre de Ur, quien muestra tal apasionamiento en pactar alianzas que parece haber salido de su país con el único fin de comprobar el poder de la mutua promesa en el desierto del mundo hasta que, finalmente, el propio Dios aceptó una alianza con él...
"El remedio de la imposibilidad de predecir, de la caótica inseguridad del futuro, se halla en la facultad de hacer y mantener las promesas (...) sin estar obligados a cumplir las promesas, estaríamos condenados a vagar sin dirección fija"[10].
Si no cumpliéramos las promesas, no seríamos nunca capaces de lograr el grado de identidad y continuidad que conjuntamente producen la "persona" acerca de la cual se puede contar una historia. En el discurso arendtiano, un cuerpo político que es resultado del pacto se convierte en verdadera fuente de poder para todo individuo; de otra manera, tendríamos subordinación, pero no "capacidad de acción" o poder.
1.4. Libertad y perdón en la política
¿Y qué debemos hacer ante el incumplimiento de un pacto? ¿El Derecho Penal debe tener la respuesta, Arendt no lo niega. Pero ¿cómo debemos interpretar estas situaciones en lo personal?
Arendt diría que, a través del perdón, podemos protegernos del resentimiento, de una memoria pesada por la amargura y la sed de venganza (que tanto han afectado la historia política).
Ciertamente, nadie puede cambiar el pasado, ni provocarse una amnesia total para evitar los malos recuerdos y "decorar" el inconsciente, que ya fue construído en un pasado irreversible. Luego, entonces, ¿cómo podríamos evitar recuerdos masoquistas para poder concentrarnos en proyectos de vida más sanos? Nietzsche respondería que mediante la voluntad de poder; Arendt reivindicará, del Cristianismo, el perdón.
Nietzsche deriva todos los males humanos de la supuesta impotencia de no-poder querer hacia atrás: castigamos porque no podemos deshacer lo hecho y queda la sed de dominar a otros; de ahí, el resentimiento y la sed de venganza.
Según nuestra filósofa, la incapacidad para deshacer lo que se ha hecho va ligada a una casi completa imposibilidad de tener un conocimiento confiable de los motivos. ¿Para qué atormentarse, entonces, por lo que ya fue y, más aún, por lo que no sabemos a ciencia cierta por qué fue?, ¿qué tan inteligente es que la mayoría de los hombres sean incapaces de perdonar lo que no pueden castigar e incapaces de castigar lo que ha resultado ser imperdonable?
Para Arendt, "la posible redención del predicamento de irreversibilidad es la facultad de perdonar (...) sin ser perdonados, seríamos para siempre las víctimas de sus consecuencias"[11].
En el discurso arendtiano, a partir del perdón, se confía en la libertad humana porque se confía en que el hombre puede cambiar de opinión y comenzar otra vez. Sólo mediante esta mutua exoneración de lo que han hecho, los hombres siguen siendo agentes libres; sólo por la constante determinación de cambiar de opinión y comenzar otra vez, se les confía un poder tan grande como es el de iniciar algo nuevo.
Vaya, pues, con la reivindicación arendtiana de la comprensión, libertad, philía, promesa y perdón, una propuesta esperanzadora para construir una verdadera política solidaria. Alguien dijo, alguna vez, “cuando todos estén muertos, el gran juego estará terminado, no antes”...
Conclusión
Hace tiempo que vengo sosteniendo que hay dos formas de asumir la filosofía: con fragilidad o con arrogancia.
Arendt deviene en un pensamiento frágil, y así es como perfila una filosofía aguda y esperanzadora. Esto se puede notar, principalmente, en sus conceptos de libertad y política.
Arendt sostiene una concepción contingente del sujeto político y por eso es que cuestiona el determinismo histórico y el iusnaturalismo. Para nuestra autora, el ser humano tiene la posibilidad de cambiar cuando quiera gracias a que cuenta con la facultad de la libertad (que, en términos de Berlin, corresponde a la libertad positiva).
Y por esa libertad es que el ser humano no sólo puede autodeterminarse, sino también ser creativo. Sólo que, con nuestra filósofa subraya los efectos políticos de la creatividad misma, como lo hace al hablar de la "natalidad" en la acción política.
Además, el concepto arendtiano de libertad política resulta de un interesante ejercicio ecléctico que vuelve compatibles el sentido positivo de la libertad con la idea griega de la política, de donde obtiene un concepto que exhorta emotivamente a la participación pública. Y esto se deja ver en cuanto que la libertad política ya no será concebida como un efecto necesario de la liberación; el hombre ya no debe esperar a que estén dadas las libertades negativas para que sea posible la participación pública, porque será en el ejercicio de la libertad positiva que pueda crear espacios políticos. Nuestra autora considera que no debemos esperar a que las formas de gobierno sean honestas o a que la cultura política sea democrática para interesarnos en lo público.
De hecho, Arendt anula los conceptos maquiavélicos o autorreferenciales de la política a partir de la reivindicación de la idea griega de la polis, de donde propone a la política como participación libre en los asuntos públicos.
Por otra parte, la exhortación arendtiana a la acción política aparece mediatizada por valores éticos que no atentan contra la libertad. No hay que olvidar que Arendt rechaza cualquier forma de imposición; de ahí su severa crítica al totalitarismo.
Finalmente, quiero subrayar que Arendt asume una visión integral de la condición humana: tanto, que ve en las facultades humanas (libertad y lenguaje), en la disposición estética (gr. aisthesis: sensibilidad) de la comprensión y en los valores éticos de la philía, de la promesa y del perdón los elementos que habrán de condicionar la acción política.
En un mundo como el nuestro, donde el egoísmo y la corrupción son tan evidentes, bien vendría seguir a Arendt y asumir la "fe" en nuestra libertad. Reconocer en nosotros la libertad como posibilidad de cambio nos puede exhortar hacia la clásica vinculación estética-ética-política.
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[1] ARENDT, H., Crisis de la República, Taurus, Madrid, 1973, p.13.
[2] ARENDT, H., Orígenes del totalitarismo, t.3., Alianza, Madrid, 1987., p.580.
[3] ARENDT, H:, Sobre la Revolución, Alianza, Madrid, 1988, p.33.
[4] ARENDT, De la historia a la acción, Paidós, Barcelona, 1995, p.46.
[5] YOUNG-BRUEHL, op. cit., p.11.
[6] NEGRI, Toni, El poder constituyente, Libertarias Prodhufi, Madrid, 1994, p.37.
[7] YOUNG-BRUEHL, op. cit., p.345.
[8] Ibid., p.85.
[9] NIETZSCHE, F., Así hablaba Zaratustra, Porrúa, México, 1983, p.33.
[10] ARENDT, H., La vida del espíritu, op. cit., p.256-7.
[11]ARENDT, H., La vida del espíritu, Centro de estudios constitucionales, Madrid, 1984, pp.256-7.